Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea

Para un niño de diez años cualquier trapo que cuelgue del cuello será siempre una capa de superhéroe y en eso se transforma junto con su nueva compañera de clase, Sunya. Y eso que ella es musulmana y que lo que lleva en la cabeza es un velo y que además se ha trasladado con su padre y su hermana de la ciudad al campo para huir de la molesta presencia de los inmigrantes. Eso piensa su padre, alcohólico no reconocido y hundido por la muerte de la hermana mayor de Jamie, Rose, a la que ahora venera en su urna cineraria sobre la repisa de la chimenea, fallecida en atentado terrorista. Aunque le queda otra hermana, Jasmine, gemela de Rose y perdida en los cambios de la adolescencia, trastorno alimentario incluido.

El niño asocia el llamativo tinte de pelo rosa chicle con el que Jas sorprendió a todos con la marcha de su madre, que ha encontrado en Nigel la comprensión que necesitaba o el tratamiento a la depresión por el duelo mal asumido.

Con esta novela el lector se interna en la mentalidad del chaval y en la percepción de su entorno desde esa primera década que celebra esperando ansioso el regalo de una madre a la que echa de menos y tragándose de un bocado el pedazo de pastel que su padre ha dejado sobre la chimenea para esa chica que Jamie no recuerda, pero intenta recrear para que la mueca amarga de su madre al hablar de Rose sea de nuevo una sonrisa. Aquí no valen los encantamientos de Harry Potter, el protagonista es empujado a crecer antes de tiempo y a eso el silbato del colegio no ayuda nada.

Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea. Annabel Pitcher. Siruela, Madrid, 2011.232 páginas.

 

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