El que siembra sangre

EL QUE SIEMBRA SANGRE ¿A qué autor no le gustaría vengarse de un crítico literario por las perlas vertidas en una reseña? Quizá un lugar tan deshumanizado como un aeropuerto es el mejor sitio para ello, después de haberlo asediado por correo electrónico, y huir con su billete. Paul Hjelm tiene que averiguar quién se esconde tras ese asesino transfronterizo de la globalización, escapado del cerco y que atemoriza a la ciudad de Estocolmo, no sólo para atrapar al criminal, sino para devolver su sentido al Grupo A (Chávez, Holm, Norlander, Söderstedt, Hultin y Hjelm), el equipo encargado de la investigación de los Asesinatos del Poder. 

El detective descubrirá que candidatos a odiar al periodista cultural no faltan. No hay pistas, pero pronto habrá cadáveres tras los que husmear el rastro tras el que podría estar un asesino en serie, Jennings, veterano del Vietnam y dado por muerto hace años y que vuelve sediento de sangre, el conocido como Kentucky Killer. El modus operandi de la ejecución no parece dejar lugar a dudas de que es él quien aplica una particular terapia para paliar su complejo de inferioridad. Solamente el perfil de las víctimas y alguna pieza que no encaja despista a los sabuesos… Las cuerdas vocales de Hessel, sujetas con tenazas, no pueden ya susurrar el nombre de su verdugo, así que habrá que leer las cuartillas del perturbado para desentrañar la conexión de estas muertes con el fundamentalismo islamista y la venta de armamento nuclear o con la avidez de un malsano placer en un mundo que se encoge.

El que siembra sangre. Arne Dahl. Destino, Barcelona, 2011. 592 páginas.

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