¡A comer!!!

Quizá no comparta muchas de las decisiones de estos últimos años, quizá incluso alguna de ellas me haya hecho indignarme, pero tengo claro que si no participo en el proceso político votando no podré reclamarles coherencia, rigor, honestidad, como hace Leo Bassi en sus denuncias bufonescas, porque yo habré elegido que sean otros los adultos que me sirvan una vez más el plato en la mesa, como cuando era pequeña.

Es una decisión que afecta a mi día a día: los impuestos que voy a pagar, los servicios que quiero o de los que tendré que prescindir, porque otros habrán decidido que no los necesito o los que nunca disfrutaré, como un aire respirable, porque no entran en sus planes. Pocas veces se te pide tu opinión sobre temas políticos, casi siempre son otros los que gritan en las tertulias y ahora, son, somos muchos los que protestamos en presencia o en ausencia en las plazas libres de toda España, pero si no me levanto el domingo a votar mi queja quedará en una reunión en la calle, y tendré que seguir escuchando a los líderes de la opinión pública, porque yo misma habré optado por callarme. Si no voto, estoy diciendo al de al lado que me importa poco lo que suceda, que ya nos las apañaremos cada uno, por separado para resolver los problemas cotidianos: él con su cartera forrada y yo con mis estrecheces o viceversa, porque preferí sentarme sobre mi libertad para no hacer nada.

He oído decir que “Nos bastamos y nos sobramos, que no necesitamos a la clase política”, pues bien, habrá que articular una alternativa válida y rápida si lo que se quiere es eso, porque siempre hay arribistas que no dudan en aprovechar el descontento para fortalecer sus filas, ésas que nunca se paran a pensar, a los que no les tiembla el pulso para firmar un ERE y que el dia de las elecciones madrugan, porque saben que, el peor enemigo del aquí y ahora de Thomas Müntzer fue el previsor y feroz Lutero, programa en mano.

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