El paciente ocasional

Éste es un libro en la estela del ACT UP, de poner en problemas a las instituciones que se inhiben de su responsabilidad frente a la infección del SIDA. Porque en este volumen se transcriben las experiencias de quienes se vieron forzados a un activismo de la enfermedad, para reivindicar el acceso universal a los tratamientos, superada la etapa de la que el autor llama serofobia en los primeros años de visibilización de la que es hoy enfermedad crónica, pero entonces era estigma y perversión lingüística.

El autor recoge la demonización que se vivió por aquellos años, donde figuras como la de Diana de Gales ayudaron a descomponer la barrera contra los afectados y ejemplos como el de niño hemofílico Ryan transmitió la importancia de no crear una herida más con las palabras, las que separaban en pogromos verbales a las víctimas inocentes de los infectados culpables. Reivindicativo, pero no sólo desde la lejanía de la crónica de los acontecimientos de esa prehistoria del SIDA, sino también en la crítica al reparto de las subvenciones por parte de la Comunidad de Madrid que ha llevado a la quiebra a varias asociaciones que trabajan en la prevención del VIH. Aunque lo mejor para evitar caer en simplismos como la consideración de las prácticas de riesgo es el repaso a las manifestaciones literarias, artísticas, musicales y hasta televisidas, todavía lejos de retratar una crisis normalizada, incluso entre los más directamente implicados en la investigación, con peligrosas actitudes negacionistas o acientifistas.

El paciente ocasional. Ibon Larrazabal. Península. Barcelona, 2011. 238 páginas.