Bélgica

No somos heurísticos, para movernos hacia delante y dar los errores por superados, en ocasiones debemos andar de nuevo por rutas de dolor y recuerdos. Ése es el peregrinaje de Chantal Maillard del reencuentro a la liberación a través de la escritura. Y en ese desligarse la niña que fue tanteaba las texturas del asfalto y la mujer que es reconoce lo conocido para aproximarlo a su experiencia. Este diario de adoquines y nieblas es el escenario de esa reducción de lo múltiple a lo que se controla, como esas muletillas belgas, ese “hein”, conjugando la lengua de “la dignidad y el miedo en paralelo”. La autora nos introduce en esa peculiaridad de la comunidad a la que pertenece, con el recato como forma de autoprotección y en el humorismo de quien no desea destacarse, verificando el cansancio del territorio que siente más suyo, el de la reflexión. 

Chantal desde su conciencia infantil sabía que nunca sería más feliz a pesar del desapego de ese padre ausente para el que era “patas de rana”, y por eso recorre las casas donde están sus huellas de “zinneke” convencida. Expresar es exponerse y mirar a un Dios consentidor frente a un mundo escorado, incapaz de otorgar sentido. Mientras, Europa se vanagloria enardecida de sus conquistas sociales olvidando las complicidades de esa prepotente ignorancia colonialista.

La planicie blanca de la memoria visita los cielos, los charcos y ese muro, dimensión limitante e inicio de su entrada en el desván de la conciencia acotando el tiempo de los vivos y los muertos, espectadora de lo que ya no es presente en lo que la escritora llama vejez.

Bélgica.Chantal Maillard.Pre-textos, Valencia, 2011.339 páginas.

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