La salvaje sensualidad de los ángeles

irene-gracia “El beso del ángel” es una novela de un amor que trasciende y en el que la autora, Irene Gracia presta sus propios sueños a Thèrese, los más delirantes, menos el que relata la historia del mundo, para mostrar ese universo de ángeles al que se siente  tan cercana y reivindicar el gozo del conocimiento en su vertiente más sensual.

Se trata de un libro muy dulce, en la textura, a pesar de que las historias son muy distantes en el tiempo, con el nexo de ese ser angélico…

La dulzura en concreto no era mi intención lo que sí que busco en todas mis narraciones es tensión de contrarios para que los personajes, el lenguaje sea más vibrante y esté más vivo. Me interesan los territorios en la línea fronteriza que está entre lo sagrado y lo profano, lo bendito, lo maldito, la realidad, la imaginación y posiblemente haya un poso agridulce más bien. Con los años como persona he entendido que es más fácil hacer digerir una píldora amarguísima con una cucharadita de un licor dulce y también en ese aspecto con la ironía, con la que puedes ser más cruel y más sincero.

Ese cuidado se nota sobre todo en el lenguaje, poco respetuosas con el propio texto, porque todo está tratado casi con delicadeza quizá por los propios personajes.

Yo busco este oficio, es decir, reivindico el oficio en todas las bellas artes, porque el hombre ha llegado más lejos cuanto más artesano era y más respetaba el oficio. Y luego como mis novelas las tenso demasiado y me interesa contar historias un poco al límite procuro que técnicamente estén muy bien realizadas en cuanto al estilo, la estructura, el punto de vista para que a los lectores que se puedan irritar por los temas que toco, valoren por lo menos que hay un respeto por el oficio. Supongo que también lo hago por eso, porque me gustan temas…, dar varias vueltas de tuerca y puesto que en ese aspecto me arriesgo al máximo busco que cualquier lector respete por lo menos el trabajo.

Esos cuerpos vacíos que va dejando Artemio ¿tiene algo que ver con ese interés por los autómatas como espejo del ser humano o como una vocación distinta?

En todas mis novelas y en el arte –por eso lo amo tanto- hay ese anhelo de trascender, de ansias divinas, de saber lo que somos y como una rebelión a lo que somos; yo he nacido en este cuerpo, en este país y reivindico historias y personajes más allá de sus limitaciones que intentan trascender. También está en mi ser y creo que se lo traslado a mis personajes.

Se percibe un cierto goticismo romántico y una sensación de oscuridad, sobre todo al final del libro…

La última parte nace con el siglo, porque para mí desde finales del XIX y hasta los años 40 se han dado en arte los últimos movimientos en los que creo y que me resultan más interesantes, desde el simbolismo, el expresionismo. Creo que Thèrese podría ser una mujer simbolista y surrealista, sobre todo, porque vive y le parece más real lo soñado que lo vivido.

La imaginería de pintores simbolistas como Moreas o Redon está en la novela, quizá por tu condición de pintora…

Me ha influido mucho y no lo he ambientado en esa época en vano, porque las anteriores son las épocas doradas de la humanidad, en Grecia, cuando los hombres tratábamos con los dioses y algunas mujeres hasta desdeñaban a dioses como Apolo y las diosas tenían tratos carnales con hombres de condición muy humilde. Luego está Roma que es un espejeo más pragmático, pero igual de interesante, el Renacimiento en el que algunos hombres fueron dioses como Leonardo y luego esa época porque, aunque para la humanidad es el infierno si que la quiero reivindicar, porque deberíamos volver a retomarla, porque a partir de ahí nos perdimos y llevamos caminos equivocados y artísticamente me resulta interesantísima y todos esos pintores están presente aquí. Esa época me entusiasma y muchos sueños de Thèrese con muy surrealistas.

Se podría decir que son unas “Metamorfosis” de Adanel al modo de las de Ovidio en las que va adoptando diversas formas en tiempos y espacios muy diversos para amar al ser humano…

Tiene mucho de esas metamorfosis y uso el cuerpo como una coraza como dice el Principito, aunque hay algo supremo, el fuego prometeico que pone en marcha toda la maquinaria ya sea de un androide, de piedra o de carne. Y en cuanto al amor al ser humano, los grandes hombres me han enseñado que tienen mucha conciencia de especie, son muy generosos y precisamente por eso no tienen necesidad de tener hijos como Platón o Leonardo, pero sí que apuestan por el proyecto del hombre y son generosísimos. Yo intento no perder esa conciencia de especie y hasta por egoísmo deseo que quienes nos sucedan sean más inteligentes, más longevos que nosotros y más sabios, porque quién sabe si nos pueden hasta resucitar… ¡Es broma, pero hay algo de eso!

¿Qué descubren los personajes a través de su amor trascendente y sobrenatural con Adanel?

Sí, me interesa mucho como escritora y como filósofa Santa Teresa, porque en “Las moradas” si cambias la palabra alma por conciencia hasta al más agnóstico le parece un libro de alta filosofía. Con Adanel aprenden a mirar por encima de sí mismos y de su miseria y a ver el ángel y el dios que hay dentro de ellos, aunque como los dioses griegos sufren, envejecen, tienen que cambiarse el nombre para adaptarse a los nuevos tiempos. Nietzsche ya anunció que Dios ha muerto y yo siempre he creído que lo dijo, porque cuando escribió ese libro comprendió que lo había superado. Es el libro que más amo y el más sabio. Estoy esperando porque así me lo anunció Dios-Zaratustra al nuevo hombre y a la supermujer.

Ese ser alado que baila en el aire recupera algo del misticismo oriental de María Zambrano…

Nietzsche cuando hablaba del eterno retorno es cercano para cualquier que haya leído algo de budismo o hinduismo. María Zambrano junto a Santa Teresa son nuestras grandes filósofas. Se nutre en los grandes libros religiosos que, si uno los lee de forma agnóstica, percibe grandes ideas que luego los filósofos y los científicos de algún modo como metáfora les dan la razón. Aunque no tengo ni idea de ciencia, siempre que puedo ver documentales sobre el universo, el tiempo cada vez me resulta más poético, más místico y más metafísico, porque se percibe ese anhelo de verdad que está en los grandes libros religiosos que, por eso están tan vivos y los hemos creído, aparte de que sean obras literarias perfectas. Los Evangelios tiene cuatro puntos de vista y “Así habló Zaratustra” es como un espejo negro de Jesucristo y también habla de Zoroastro. Todos los mitos y todas las religiones – a mí me da pena que se le de tan poca importancia a las artes y a la filosofía, porque sólo se quedan con el dogma- tienen un anhelo de ser mejor y está en nuestra cultura. Si vas al Prado o al Louvre y no conoces la Biblia como lector ves sólo imágenes y aprecias sólo la técnica.

Adanel dotando de conciencia y autoconocimiento a sus parejas de sexos indistintos, en un amor que supera al cuerpo…

Sí, eso me interesa también en Grecia, donde los dioses tenían trato también con los animales y se transforman en cisnes, por ejemplo, con esa lucidez al tratar a todos los seres vivos que, no somos iguales, pero compartimos algo. No quiero parecer una iluminada -¡yo soy muy agnóstica!-…, si millones de años nos anteceden y millones nos seguirán, el que dos personas coincidan en un instante es casi milagroso y si encima tienen una simpatía ya es el milagro de la vida.

Ese sueño de Thèrese ¿tiene algo de ensimismamiento como en el cuadro del sueño de Venus y Marte?

El de Boticelli…, es maravilloso. Están juntos y cerca como en aquella película de Wim Wenders que es lo perfecto, como lo que decía Nietzsche del eterno retorno estando en un microcosmos, dentro de un universo, pero cada uno tiene uno diferente.

El amor del que hablas es muy respetuoso, de marcar espacios… 

Para mí es lo más importante que les da Adanel, es trascender a ti mismo y a tu miseria, pero también lo que me interesaba de Santa Teresa es el placer sensualísimo y del conocimiento, porque a ella como a la santa le besa en los labios el ángel del placer. Como ella podemos conocer a los ángeles en el sentido bíblico de la palabra y me gustaban todas sus visiones cuando la visitaba el querubín como acalorado, con rubor en las mejillas, precioso y le clavaba el dardo que le hacía gemir de dolor y de placer en público. He querido transmitir que las personas conocen a ángeles o que tienen una sexualidad más espiritual ya no desean tener tratos carnales con hombres porque los ángeles son más animales y más espirituales, son amantes más dulces y más salvajes al tiempo y crean una adicción arrebatadora. Sobre todo, quería transmitir ese gozo por el conocimiento que siempre se ve como el estudio o el viaje de la intelectualidad como algo duro y no es así. Yo me acuerdo cuando leí cómo cuenta cómo escribió Nietzsche Zaratustra dice que las mujeres le daban calabazas, los amigos pasaban de él, no tenía ni editor y en un párrafo cuenta cómo sintió cómo la inspiración vino a él. Ése es el gozo que quiero reivindicar, el del conocimiento.

¿Qué hay de poesía en tu narrativa?

Sí, tengo un montón de poemas sin editar; el otro día lo pensé, que podría editarlos incluso con ilustraciones como hacía William Blake que es uno de los artistas que venero, me entusiasma, salvando las distancias. Ese concepto de libro más total ahora que está ese fantasma, para bien y para mal, de internet y los libros electrónicos yo creo que convivirán los dos tipos de ediciones, lo cuidadísimo como objeto y lo virtual.

Has dicho que sueñas con ángeles desde niña…

Sí, y casi todos los sueños de Thèrese los he tenido yo, menos cuando el ángel le cuenta la historia del mundo, pero las más delirantes sí que las he tenido. Para mí es muy importante el mundo de los sueños y creo que mi yo que más me quiere me regala unos sueños de los que cada día me cuesta más despertar y porque además mis pesadillas no me atormentan con lo cotidiano. Prefiero el infierno a lo que llamamos realidad. Luego también quería transmitir esa idea de Platón al que adoro; “El banquete” me parece una novela maravillosa y cuando en “Fedro” habla del alma y explica que el nacimiento de las alas al principio hace daño, luego escuecen es el nacimiento de la conciencia. Hasta al más agnóstico le basta cambiar alma por conciencia para entender a estos autores.

Se podría decir que es una novela grotesca por la monstruosidad de sus personajes, con protuberancias en la espalda o inadaptados tras sus encuentros con Adanel…

Al principio eran jorobados sin más, pero como me costaba mucho pensar en una bailarina jorobada, los hice más híbridos, aunque queda un poco ambiguo.

¿Cómo animaría al posible lector a dejarse seducir por “El beso del ángel”?

Con una idea de Thèrese que dice que las personas que recuerdan que en otra vida tuvieron alas, dedican su vida a la danza. Me gusta mucho en Nietzsche la cita del bailarín dispuesto a buscar la verdad de esa forma placentera, retadora y valiente.

 Alicia González

 

 

 

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