El hombre del corazón negro

vallveyUn papelito con el nombre de un judío enterrado vivo en un abrigo, una policía que a golpe de tacón se deshace de un ratero y un extraño secuestro en una urbanización. De fondo, sucios negocios en “un puzzle que mezcla el género negro, el reportaje periodístico y la crónica de sucesos” que confluyen en la última novela de Ángela Vallvey.

Entrevista con Ángela Vallvey

Quisiera que animaras a los lectores a acercarse a este libro lleno de mafias, no rusas – porque aclaras que son del Este-, de prostitución, del papel de la justicia y de tramas entremezcladas.

Yo creo que es una novela que tiene componentes de varios géneros, del género negro, del policiaco, del reportaje periodístico y aparte de eso, de la crónica de sucesos o crónica policial de los tiempos. Yo he tratado de hacer una especie de puzzle, un relato con varias voces y con muchos estilos para tratar de buscar una eficacia narrativa, dando una visión de la realidad lo más ajustada posible que también pueda contener la imaginación que toda novela debe conllevar.

Es una novela con muy distintos paisajes en lo que parecería una trama casi de película para que el lector esté en permanente movimiento…

Sí, eso es una forma de verlo. En cualquier caso la referencia cinematográfica yo no la veo, o por lo menos cuando me dicen que es muy cinematográfico pienso que no lo será tanto, porque ninguna de mis novelas se ha llevado al cine, a pesar de que alguna se ha guionizado. Al final es una trama que se imbrica en la realidad y la trasciende en el sentido de que hay un relato “histórico” de la vida de varios personajes; se ve su evolución a lo largo del tiempo y todos confluyen en un espacio y un tiempo común que es el ahora, nuestro país, nuestro tiempo, nuestro momento.

Viendo este ahora parece que la situación del tráfico de personas es descorazonadora…

Sí, por ejemplo, en este asunto era muy laxa, porque me parecía que era una cosa antigua, de un tiempo ya pasado y cuando empiezas a escarbar en el tema te das cuenta de que el negocio en el tráfico de los seres humanos hoy día sigue existiendo y siendo lucrativo, porque el coste de la materia prima es menos que cero y a partir de ahí cualquier beneficio es muy sustancioso. Yo tenía otra idea hasta que empecé a investigar y me di cuenta de que está en la base de muchos negocios mafiosos el tráfico de mujeres. Por cierto, ya no se llama trata de blancas, porque eran mujeres raptadas, de raza blanca casi todas y ahora se denomina trata solamente, porque las mujeres por desgracia son de todos los colores.

¿Se puede decir que ésta es una novela de víctimas, porque todos los personajes son en alguna medida sufridores de este mundo tan turbio?

Sí, puede ser, porque los personajes son fundamentalmente víctimas de su momento histórico. Incluso los malos malísimos, que los hay, pues presentan sin ambages su maldad, también son el producto de una sociedad que ha criminalizado a las personas, de alguna forma las ha acorralado en el redil del crimen y ha sido el único sitio donde se han podido defender, con lo cual si es posible que sea una novela de víctimas en ese sentido.

Las mujeres – Doña Luisa, la viuda Hergueta, Sigrid, Mariya, Feruza- tienen un peso muy importante a pesar de que el título sea “El hombre del corazón negro”…

Una historia como ésta requería que hubiese mujeres, aunque las novelas que tienen que ver con la mafia siempre suelen ser mundo muy masculinos, porque los que gobiernan son hombres, pero hay una cara de esos negocios sucios que tiene que ver con la mujer. Ella suele estar en los estratos inferiores (la víctima de la esclavitud, la prostituta, la mano de obra barata…) y ésa es una cara que a mi juicio tampoco se presenta muy a menudo, porque incluso en las novelas que se están escribiendo ahora mismo sobre las mafias y los carteles de la droga centroamericanos el papel preponderante siempre suele ser masculino. Son los hombres los que negocian y las mujeres suelen ser una excepción, secundarias y cuando son protagonistas es algo extraordinario. En mi novela yo sí que quería que hubiese esa voz de la otra parte del negocio de la mafia que tiene que ver con la víctima y desgraciadamente cuando hay víctimas, casi siempre suele haber más mujeres que hombres.

Cinco gatos, uno de ellos ciego, y un puñado de cadáveres meten a María Jesús en apuros. Los felinos parecen una metáfora de los destinos de los personajes de carne y hueso…

Sí, es probable que haya una intención no tan bien calculada, pero sí inconsciente de hacer esa equivalencia entre el mundo animal, del que por cierto habrá que escribir todavía alguna cosa sobre su presencia en el mundo contemporáneo y su reflejo en el mundo humano.

¿Cómo se sostiene que mantengan a la viuda con vida por la testarudez de una de las mujeres? ¿Tenemos tanta capacidad de controlar a un mafioso?

Es un requerimiento de la trama y el tiempo que pasa tampoco es mucho, lo que pasa es que durante la novela pasan muchas cosas y el tiempo real del secuestro no es tan grande. No es tanto porque exista ese poder, sino porque el personaje femenino que induce al mafioso a mantener con vida a la secuestrada es una especie de santona moderna. Yo he querido hacer una referencia a un personaje muy clásico de la sociedad rusa que está muy arraigado en la historia y que pretendía que tuviese esa influencia que tuvieron en su momento incluso en los zares en épocas pasadas.

¿Antes de escribir la novela ya te habías acercado a los países del Este?, porque se nota cierta querencia y conocimiento en los recorridos que haces por las calles incluso.

Yo siempre he tenido una gran pasión sobre todo por la literatura rusa. Cuando leo a Dostoievski siempre pienso ¡qué pesado! y sin embargo, me conmueve, me estremece y creo que en sus novelas está retratada el alma humana, esa cosa que parece un tópico, pero que es verdad y es lo que todos queremos investigar y en lo que todos queremos ahondar. Hubo un momento de mi vida que incluso coleccionaba novelas de Tolstoi, incluso en otros idiomas. Hay sobre todo una querencia por la literatura rusa que me parece esencial para entender al ser humano, ya no tanto el alma rusa, sino al ser humano con mayúsculas, su grandeza.

¿Qué es lo que puede aprender Polina de su fracaso? Comentabas en alguna entrevista que el papel del escritor es remover las conciencias, cambiar su opinión sobre realidades más que trilladas.

Eso se debe hacer sin la intención de hacerlo, sin la premeditación por lo menos o la alevosía de tratar de inocular una moralina en el lector. Eso tiene que venir después, porque el trabajo sea bueno. Si se fracasa en el trabajo pues quizá suene a cantinela, pero yo creo que los grandes libros nos despiertan a grandes cuestiones y nos hacen interrogarnos por cosas que dábamos por hechas o que ni siquiera habíamos percibido antes.

¿La globalización del crimen depende de la caída del Muro y el gigante ruso, es una conclusión del capitalismo salvaje o es imprescindible en un mundo tan duro como éste?

En un mundo globalizado está todo globalizado; está globalizado el comercio, la propaganda, el crimen y el bien también. Una ONG que se mueve por el mundo haciendo un buena obra también lo está. Y efectivamente, tras la caída del Muro de Berlín se derrumbó un mundo que era hermético y que no rozaba al resto y al caer el Muro se destapa una olla que se extiende por el resto del mundo como sucede con los países sudamericanos que trafican con droga o con mujeres. Mafia significa simplemente crimen organizado y en eso están muchas nacionalidades, igual de duras y despiadadas y sus negocios son igual de sucios; en eso no hay comparación.

¿Has conocido alguna Polina y alguna Feruza para ver de cerca esa pena que arrastran?

Pues sí y he conocido lo que ellas han querido que yo conozca de sus vidas, porque son muy sensibles a contarla y las cosas que más importan. Mucha gente trata con ellas al cabo del día –no necesariamente hablo de prostitutas- y a lo mejor ni se dan cuenta y detrás de cada una hay una historia terrible o al menos que no es fácil.

¿Estambul, Dubai, Chernobil… son los escenarios necesarios para que el lector perciba que esa tiniebla nos rodea por todas partes?

Sí, yo creo que ese paisaje múltiple es un poco también la muestra de la globalización en la novela, en su paisaje y era necesaria, y podía haber sido incluso más exhaustiva, pero tampoco se trataba de escribir un diccionario enciclopédico, sino de crear esa sensación de que las cosas están ocurriendo allí, porque sucedieron antes aquí o viceversa y que todo está conectado y lo que tiene lugar en un país lejano, sus consecuencias al final se tropiezan con nuestros pasos.

Has denunciado que uno de los mayores peligros es que incluso la política se llegue a contaminar con dinero del crimen, aportando los datos de Wikileaks sobre su posible penetración en la industria catalana. Esto daría para un segundo volumen de la novela…

Claro que daría, porque ése es un asunto en el que no he querido escarbar demasiado y hubiese sido otra historia para contar, pero ahí hay una maraña de suciedad que esperemos que no acabe contaminándonos como ya ocurre en otros países. En el caso de Wikileaks hubo un fiscal al que le pusieron una mirilla encima de su nombre cuando desvelaron algunas conversaciones que había tenido. Y un fiscal español hablaba precisamente de países mafiosos y todo el mundo sabe que eso existe, lo que pasa es que nadie lo pone negro sobre blanco y no lo cuenta, porque al final existe la diplomacia, las relaciones internacionales y parece que sea honorable y necesario tratar con dirigentes que son criminales y se hace por el juego de la gobernanza internacional, pero eso no quita que sea repugnante, que exista y que ese peligro esté latente y nos pueda acechar y más en unos tiempos tan convulsos como los que vivimos.

Es curioso que Marcos, el juez como Sigrid, la policía, que podrían estar manchados por estas actividades sean los buenos de la novela y tengan además un perfil multicultural…

Eso responde también a una realidad de la que no somos quizá muy conscientes. El personaje de la policía está basada en una amiga mía de la infancia que tiene un poco su historia y no es algo que haya traído ahora la inmigración. Todos tenemos amigos o conocidos que provienen de otros lugares y el mestizaje es también uno de los hechos indiscutibles de la modernidad y creo que es bueno, porque eso precisamente es la cara buena de todo esto. Yo siempre digo que la globalización es buena, porque ha dado de comer a mucha gente, gente que no hubiese comido sin ella, pero es muy fea.

¿En esa historia basada en hechos reales se incluye la muerte por zapato de tacón?

Eso era una licencia literaria y también un símbolo de una mujer que no se deja hacer víctima y lo es porque lo es de la fatalidad y de su propia fuerza, porque hoy día también las mujeres somos fuertes, muchas de nosotras, afortunadamente y el modelo al que aspiramos es el de una mujer fuerte y esa escena es una metáfora de la fortaleza dentro de la debilidad, porque encima el personaje ni siquiera sabe que es fuerte.

¿Se traslucen muchas opiniones de la autora en el libro o no estás tan en contra de que Madrid se haya quedado en el siglo XIX?

Sí, ése es un guiño personal. Yo creo que a Madrid lo congelaron en el XIX y además no tuvo un XIX muy esplendoroso, porque no tuvo una burguesía que realmente construyera y se dedicase a hacer un urbanismo que conservase las huellas de su opulencia, sino que era una pequeña burguesía, heredera de los hidalgos, incluso un poco pobretona. Vas a Centroeuropa y ves las huellas en las calles de lo que ha sido ese esplendor urbano y Madrid no lo tiene. Está bien que queramos mantener lo que queremos, pero que una fachada que tiene cuatro hierros y es fea sería para traer un arquitecto de esos modernos que hacen cosas alucinantes y lo convertiría en un sitio de peregrinación para los turistas, sin embargo, conservamos esa fachada pobretona y decimonónica que habla de la austeridad castellana y del ahorro. Por cierto, en estos tiempos no nos viene mal recordar que eso es bueno.

¿Pensaste esta novela comvallveyo un reto a las mafias como el de Clara Sánchez a los exnazis con la suya?

No, no lo había pensado –por cierto fui jurado del premio Nadal que premió a Clara-, pero éste es un libro que ya venía escribiendo.

Escribiendo dices que has sufrido mucho y que en varias ocasiones has estado a punto de abandonar el proyecto. ¿Cuáles son los pasajes que más te han conmovido?

Llevaba ya con esta historia tres años y pico. Estuve investigando mucho, leyendo mucho ensayo, cosas mejores y peores y haciendo una recopilación de información, una investigación periodística al fin y al cabo y avanzando con unos personajes que yo tenía en la cabeza y sobre los que quería contar una determinada historia y no me resultó fácil escribirla. Me daba miedo, me daba pena. Es la primera vez y a lo mejor me reprochan mi sentimentalismo, pero yo he llorado escribiendo pasajes de esta novela, porque me daba la sensación de que lo que estaba escribiendo estaba ocurriendo y es probable que algo igual o muy parecido ocurriese y eso me conmovía y me hacía abominar de lo que estaba escribiendo y me hubiese gustado tirarlo todo y empezar de nuevo, pero ya tenía mucho camino detrás y por eso no lo abandoné. Sobre todo, porque soy tozuda y crecía que esto tenía que contarlo también y mejor o peor estaba bien que lo intentase contar.

¿De ahí la dureza de la portada con esa chica espatarrada?

Las portadas no son cosa mía, no decido cuáles son, aunque por supuesto me consultan.

Detalles como el papelito con el nombre del judío enterrado vivo en el abrigo del protagonista que recuerda a ese húsar frotando la escarapela napoleónica añorando buenos tiempos, ¿los has hecho para lectores de tu mundo literario anterior?

Sí, son guiños. Ya no lo practico mucho, pero me gusta poner por ejemplo, citas falsas que a veces si el lector está entrenado quizá las descubra.

¿Hay alguna en este libro?

No, en este precisamente no, aunque es una novela en la que puse mucho en todos los sentido y que me gustaría que tuviese lectores que pudiesen entenderse con ella, un poco menos de lo que me he entendido yo y la disfruten.

Alicia González

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