Sólo la verdad

anna El atril de Anna no estaba en la redacción de Novaya Gazeta, su voz se había ganado ese puesto después de patearse las aldeas para charlar con las refugiadas del “lenguaje de persuasión ruso” en Chechenia, recoger los testimonios de pueblos con sus árboles manchados de sangre, cuerpos profanados salvajemente tras ejecuciones extrajudiciales, persecuciones de compañeros como Komárov y las constantes trabas para realizar su trabajo. Son ésas las verdades que declara, sin que falten otras más fáciles, las de la crítica de un espectáculo de tango en el que constantemente apostilla que no hay asomo de sexo, sino “deseo adiestrado”.

Los editores rescatan también las últimas cuartillas, aquéllas en las que la periodista se queja de la profusión indiscriminada en el uso del calificativo terrorista y el efecto nocivo que ese miedo tiene en el riego del odio en el Cáucaso. Y las condolencias de amigos, medios de comunicación de todo el mundo y de esos lectores anónimos para los que Anna fue sus ojos en la tragedia de los sin voz, incluso el recorte de periódico con la entrevista a tu hijo al que aferrarse cuando un bombardeo indiscriminado ha segado su vida.

Desde la disidencia de todo lo que no puede tocar y sentir, Anna cuenta a sus seguidores las secuelas de lo que denomina el síndrome Kadírov y la resistencia de los habitantes de Grozni a acatar el yugo de quienes desean su extinción con una verdad en las descripciones que nos hacen pisar con ella esa sustancia viscosa y rojiza en la alfombra con indebida repugnancia por una vez, mientras permanece impertérrita frente a unos encapuchados.

Alicia González

Sólo la verdad

Anna Politkóvskaya

Debate, Oviedo, 2011

302 páginas

29,90 euros