La historia secreta de los edificios

En un país de seis millones de habitantes y una oveja por barba Felipe II erige un monumento sin concesiones, El Escorial, en recuerdo a una batalla donde no peleó. En las antípodas la Sagrada Familia de Gaudí, “plagada de estatuaria bastante naif” y con un tratamiento de la piedra que nos hace pensar casi en alfarería. Ricardo Aroca, ex decano del Colegio de Arquitectos de Madrid nos desvela los secretos de edificaciones que han ido fraguando la historia de nuestro país, algunas al ritmo del tapiz de Penélope, como la catedral de León con ese caparazón de tortuga marina transformado en plaga destructora, en la perversa imagen de un topo dedicado a acabar con la obra de la jornada diaria de los canteros.

El recorrido, amén de misterioso no deja de tener un punto de fantasmagoría, toda vez que algunos de los edificios como el frontón de Recoletos forman ya parte de los libros de historia y de la nostalgia por la habilidad arquitectónica para resolver incertidumbres constructivas. Eficazmente unidos por roblones como los que rematan la estación de Atocha los diversos capítulos del libro, cada uno en torno a un edificio singular, se engarzan unos con otros sin desdeñar el adorno que supone esa historia pequeña del anecdotario. Puntillismo técnico y visual sólo al alcance de quien reconoce los ostiones de una fachada como el hospital de las cinco llagas o acepta sin preocuparse por la corrección política las bondades de esa catedral incrustada para la estabilidad de  la mezquita de Córdoba.

La historia secreta de los edificios. Ricardo Aroca.Espasa, Barcelona, 2011. 247 páginas.

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