Soy un padre friki

Si la técnica de Supernanny es marcar los límites a los más pequeños, una buena forma de hacerlo es a través del juego y mucho mejor, si transformamos a nuestros hijos en compañeros de travesuras. Porque a veces, tanto conectar a los chiquillos a los dispositivos electrónicos de sosiego familiar provocan luego niños ansiosos de hacer trastadas de las que cuestan un disgusto. En el otro lado se encuentra este padre ejemplar que, instruye en la inteligencia, la fuerza, la destreza o la resistencia a los chavales aplicando las técnicas de los juegos de rol. Pues ahí donde lo leen, Ken Denmead es un reconocido friki de los que se cultivaron viendo las aventuras de los dibujos de “Dragones y mazmorras” y por eso, en lugar de asustarse por ver a sus hijos interesarse por los arqueros, los magos o los seres del bosque, intenta siendo uno más, ayudarlos a crecer, desarrollando sus habilidades.

Y si le siguen la corriente no se extrañen si sus hijos empiezan a hablarles en binario o háganse a la idea de que la próxima vez que tenga visita en casa, quizá los invitados se sorprendan por la forma tan curiosa de sus cubitos de hielo! La única exigencia para que este manual de acercamiento a sus niños funcione es dedicación y capacidad de dejarse llevar por la innovación como criterio. Después podrá incluso añadir usted mismo sugerencias lúdicas a esta cultura friki intergeneracional que propone el autor, con una valoración del grado de dificultad, coste y grado de reutilización de componentes que quedaron en la caja de los desperdicios, casi como la relación de algunos padres con unos chiquillos conectados a esa sanguijuela de la infancia que es la televisión.

Soy un padre friki. Ken Denmead. Aguilar, Madrid, 2011. 230 páginas.

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