La noche que Bolívar traicionó a Miranda

9788435062459  Entrevista a Juan José Armas Marcelo

 

Cuarto de siglo siguiendo a Miranda y recreando esa noche de los perros de la historia peleando por hacerse con el bocado más grande. Juan José Armas Marcelo nos devuelve al gran olvidado, el Miranda del arete en la oreja, enamorado de la libertad y devorado por su hijo político, el neurótico Bolívar, en la hora decisiva, la de la traición en La Guaira. El general memoria, el general huida, el general regreso, el coleccionista de impúdicos recuerdos de sus conquistas femeninas, cobra vida en la novela. ¡Escuchen cómo tamborilea los dedos!

Alicia González

Un libro muy cuidado en la recreación de los detalles históricos con imágenes como la de esos perros peleando por un hueso de vaca la noche de la traición. ¿Esas imágenes surgieron en la documentación histórica o en el proceso de creación literaria?

Una novela histórica, una novela que tiene personajes y elementos históricos corre un riesgo y es que si esos elementos son muy poderosos es más historia que novela. Yo he querido que aquí hubiera mucha ficción y apoyándome en los elementos históricos de los personajes de Bolívar y Miranda lo que he hecho es una novela. En la inmensa mayoría de los casos esos detalles se te van ocurriendo conforme voy escribiendo la ficción, porque voy viéndola, voy construyéndola y al mismo tiempo, trato de verla, trato de oírla, trato de sentirla y lo que va quedando como fresco, o natural es lo que voy más eligiendo para una corrección más lenta del texto. Me gusta que me digas que el texto está trabajado, porque llevo como 25 años trabajando esta novela, empezando la novela, dejando la novela, volviendo a empezarla, porque cuando una novela se deja a medias hay que volver a empezarla y a lo mejor la dejo a medias para volver a empezarla, pero esto es así.

Lleva acompañándote esta historia cuarto de siglo, es una especie de obsesión ya…

Sí, es una especie de obsesión. Es que Miranda es un personaje muy posesivo, es un personaje en el que tú te empiezas a meter dentro de él y pactas contigo mismo hacer un relato, una novela. Al principio quería escribir un relato que se titulara “Luz para Francisco de Miranda en Cádiz”, pero no me lo permitió el personaje, el fantasma literario, la obsesión. El demonio literario que empieza a convertirse en obsesión hasta que tú disparas en palabras la novela no me permitió hacer un relato –es otra de las cosas que quería dejar bien claro-. Me permitió sólo hacer la novela que he hecho y esto me entretuvo bastante tiempo, incluso veinticinco años desde que yo decidí escribir la novela y hasta ahora.

Hablas de la luz que es un momento fundamental, el de la traición, y no sé si está basado en hechos reales ese pasar revista de Miranda a los traidores iluminados por su edecán.

Eso es oficialmente historia, lo que ocurre es que parece tan teatral, tan entre gótico, sórdido y mezquino los elementos de la traición en esa noche que los historiadores lo que han hecho oficialmente es pasar por encima como si fuera un episodio sin importancia, cuando realmente es un hecho lamentablemente importantísimo en la historia de América. Lo que ocurre es que los elementos de esa historia, de ese episodio son tan fantásticos que parecen irreales –la misma luz-, parecen recreados para una escena teatral, para un escenario teatral. Y las palabras de cada uno de ellos también parecen regidas por un planteamiento estrictamente de teatro. Pero bueno, la novela es el género más espurio de todos, una especie de cajón de sastre donde cabe todo, cabe el teatro, cabe el cine y la luz de una pintura plástica determinada, cabe la música, cabe todo.

Al leerlo viene a la mente el “Experimento con un pájaro en una bomba de aire” de Wright porque tiene esa misma luz…

Sí, porque tiene esa misma luz y al mismo tiempo que se está apagando la estrella, en este caso de Miranda, se está encendiendo la de Bolívar. Hay un apagamiento, un acabamiento de Miranda y un descubrimiento del joven Bolívar que ya va a hacerse con la revolución americana.

Bolívar no sale nada bien parado en tu obra, no sé si por filia a Miranda o si realmente el personaje era tan altanero…

Es objetivo, lo que ocurre es que la historiografía oficial es normalmente bolivariana y lo que hace es dar una versión de Bolívar como si hubiera sido un santo, sacrificado, no le hubiera interesado nada más que la libertad. Esto no es verdad, Bolívar era el elemento clave de una clase determinada superior que se lo creía y que lo era. En segundo lugar era un romántico, no era un ilustrado, en tercer lugar era alumno, aunque trataba de evitarlo, de Miranda, además de Simón Rodríguez y de Andrés Bello, por supuesto. En cuarto lugar era un sátrapa o por lo menos un satrapoide de esa misma clase al que la libertad le interesaba en la medida en que le interesaba el poder. Pero así como Miranda es un hombre de libertades, Bolívar es un hombre de poder, ésa es la diferencia que hay entre los dos. Miranda es un hombre que tiene 62 años en ese momento y a lo único que aspira es a que el sueño de su vida se realice. El sueño de su vida es la Dulcinea americana, como buen Quijote y Bolívar no, Bolívar tiene 27, 28 años y lo que aspira es al poder.

Se produce un duelo casi por amor, siendo Venezuela esa mujer por la que ambos pelean con un amor muy distinto. Miranda sí entiende ese amor grande por lo que él llama Colombia y Bolívar está subsumido en su delirio de grandeza.

Es así, como acabas de decirlo y como está realmente en la novela, es mi versión. No es sólo mía: hay un escritor, psiquiatra venezolano que se llama Francisco Herrera Luque, Pancho, al que yo conocí en los últimos momentos de su vida que hace un análisis psiquiátrico de quién es Bolívar y habla de su crueldad. Aparte hay muchos libros que hablan muy mal de Bolívar –el mío no es precisamente el peor-. Acaba de salir precisamente una novela de Evelio Rosero en Tusquets editores, que se llama “La carroza de Bolívar” en donde yo soy una dama catequista al lado de cómo lo pone.

Musiú Pancho es el apodo que usan los mantuanos para Miranda…

En la casa suya a Miranda lo llaman Pancho desde pequeño, pero luego ese Pancho se traslada al ejército y se traslada a los mantuanos y lo llaman Musiú –que es la deformación del monsieur francés- Pancho, lo cual es una tomadura de pelo de los mantuanos al estatus de Miranda que lleva 44 años fuera de Venezuela. En todo caso es un tipo que para ellos no conoce Venezuela, en fin, un aventurero, una suerte de traidor, de aprovechado y claro, yo siempre me pregunto ‘si era todas esas cosas para qué lo van a buscar a Londres donde él ya estaba retirado’. Pero lo fueron a buscar y lo trajeron.

Ese afrancesamiento le acompaña incluso en la noche de la Guaira, en que va vestido con el único uniforme de teniente general francés que ha dejado entre sus pertenencias, lo que lo desvincula visualmente de la patria.

Claro, lo que ocurre es que cuando le avisan de que vienen a tomarlo preso él lo hace para recordarles quién es quién, porque no se trata solamente de que a él le quiten el rango y la jerarquía que tenía en la república incipiente de Venezuela, porque si le quitan eso no importa, sigue siendo teniente general francés que es el rango más grande que tuvo en el mundo y por lo tanto se pone ese uniforme para decirle, ‘oigan, no se olviden de quién soy’. Ahí también se equivoca, porque les da igual; tienen ya tomada la determinación de que Miranda sea moneda de cambio de sus vidas y por lo tanto lo que haga Miranda es puro teatro, porque ya han decidido hacer con él lo que quieran.

Sobre todo, porque para Bolívar era un estorbo después de la derrota de Puerto Cabello, envenenado como está con encontrar esa carta inculpatoria…

La carta que Bolívar escribe a Miranda diciendo que él es el responsable de la pérdida de Puerto Cabello y todo lo demás es también una carta a la que también tratan de quitarle importancia los bolivarianos, sin embargo es la asunción de su fracaso. Bolívar era un hombre muy depresivo, muy hipocondríaco que necesitaba grandes exaltaciones para estar lo que se llama de subidón, de euforia para estar bien consigo mismo, pero en las pérdidas, en los fracasos este hombre lo que se iba es directamente al infierno y en esa pérdida de Puerto Cabello incluso llega a pensar en su suicidio. Si uno lee la carta con detalle se da cuenta de que Bolívar ya con muy pocos años no va a levantar cabeza y de que ha sido responsable de que se pierda la república y que eso merece, como si fuera un samurai japonés, un suicidio digno y como no lo hace llega ser quien es.

Y eso a pesar de la generosidad de Miranda, porque cuando habla del incanato se entiende que iba a ser una responsabilidad compartida…

Si no con Bolívar, con otra persona.

No de una asunción del poder exclusivista.

No, él era un ilustrado francés que no concebía eso y a pesar de ser jacobino militando con los girondinos, que era donde tenía a sus amigos. Miranda era generoso, porque tenía una amplitud de miras que no tenía Bolívar. Bolívar era un ser mimado por la vida y al mismo tiempo traumatizado por los problemas de su familia –sus padres murieron jóvenes y su mujer muere a los seis meses de casarse- y él ya decide quijotescamente entregarse a la conquista de América, pero siendo alumno de a quien después traiciona y de cuya traición después se arrepiente antes de morir, claro naturalmente. Esto no va en detrimento de Bolívar ni mucho menos, es así.

Porque Bolívar tiene intenciones freudianas porque quiere acabar con el padre moral o ideológico que es Miranda.

Efectivamente él quiere acabar con ese padre que le ha salido ahí, porque es padre le va a negar la historia. Es más, le echa la culpa a ese padre político, moral, paradigmático para él de los fracasos que él va teniendo y que por tanto tiene la república incipiente, larvada de Venezuela. Le va echando la culpa y no tranquiliza su conciencia hasta que finalmente dice ‘sí, sí, éste es el responsable de todo, yo no tengo la culpa”. Prácticamente llega a pensar que le ofrece el ascenso y le da Puerto Cabello para que pierda Puerto Cabello. En la perversión de su pensamiento y su depresión piensa ‘coño, me ha dado Puerto Cabello para que lo pierda’, cuando en realidad se lo da porque cree que Bolívar es un gran militar, cree que además es una estrategia interesante poner a Bolívar al frente de Puerto Cabello, puesto que Bolívar es también la cabeza de una clase mantuana con la que le conviene a Miranda estar a bien y porque Miranda cree, cree en Bolívar hasta Puerto Cabello. Él cree en Bolívar.

Son la cara y la cruz de la historia: Miranda es el jacobino despreciado por los suyos que tiene que hacerse querer por los girondinos y Bolívar es el hipocondríaco suicida al que las circunstancias lo van aupando repetidas veces.

Efectivamente, mientras lo van tirando hacia abajo, lo van elevando hacia arriba y cuando muere en Santa Marta que es su gran fracaso histórico resulta que no es un gran fracaso, es una gloria. A estos dos señores, a estos dos titanes sólo los iguala una visión objetiva. Y una visión objetiva te da la siguiente versión: mientras más abajo caía, más arriba lo subía la historia, porque cuando Miranda es traicionado por Bolívar y los mantuanos, en lugar de pasar el infierno físico que pasa, pasa a la historia como un héroe y como un tipo que se enfrenta a la Corona de España hasta el final, pidiéndole a Fernando VII que le haga un juicio cuando ya está en La Carraca, que Fernando VII no le hace ni caso, lo deja morir como un perro. Y los americanos también, ya Miranda no interesa, pero entonces, ¿quién interesa? Interesa Bolívar, pero ¿qué pasa con él? Pues que cada uno de los importantes gerentes locales desde Santander a San Martín le van delimitando y van creciendo las nacionalidades que no sólo cuestionan el proyecto americano de Miranda, sino que destruyen el sueño americano de Bolívar.

Miranda va de Cádiz a Cádiz y quizá ese pensamiento último de la confederación con España es fruto del abandono en el jergón o cree que no hay otra solución.

No, él llega a La Carraca cuando La Pepa, cuando la constitución de 1812 está saliendo a flote, ahora mismo hace dos siglos y cree que la España oscurantista, medieval, feudal contra la que él ha luchado se ha acabado y que allí ha entrado un nuevo aire que es el liberalismo, el exigir de la Iglesia que se quede en su lugar. Él cree como gran ilustrado iluminado que eso es así y que Fernando VII como creyeron todos –no te olvides que firma la constitución de Cádiz diciendo, ‘vayamos todos por la senda de la constitución y yo el primero’ y mira lo que hizo después- y además fue llamado El Deseado –quería a Fernando VII como locos- y fue después el peor rey que ha dado España. A partir de ahí él cree que todo eso va a prosperar y que entonces puede hacerse una especie de confederación como la Commonwealth. Él trata de conciliar su sueño de la libertad de España también.

A pesar de todo termina siendo moneda de cambio con Monteverde, porque la valentía de Bolívar no es tal…

Iturbe le consigue luego en una intervención con uno de los mantuanos importantes de Caracas que tiene muy buena relación los españoles, consigue para Bolívar y los suyos un salvoconducto para que salgan por La Guaira y salven la vida y se van a Haití donde reciben ayuda y luego regresan, pero claro esa cosa que hace Bolívar es la que hubiera hecho Miranda. Se hubiera ido a Trinidad, habría pedido ayuda de los ingleses y los americanos y habría vuelto. Ten en cuenta que en muchas ocasiones decían que era un agente inglés y lo acusaron de cualquier cosa con tal de no darle confianza. Eso está fuera de duda históricamente, que hubo un salvoconducto conseguido por Iturbe para Bolívar y los suyos y con ese salvoconducto salieron de La Guaira los insurrectos que habían entregado a Miranda a Monteverde como moneda de cambio. Esto no tiene otra vuelta de hoja ni ninguna otra interpretación.

Porque Miranda es un hombre de un solo criterio que sabe por las enseñanzas de su padre el canario que hay que saber huir para recomponerse en un momento dado.

Miranda eso lo aprende en los campos de batalla de la revolución francesa, incluso cuando fracasa con la expedición del Leander, se va a Trinidad y regresa. Sabe que las batallas son consecutivas y que una derrota, dos derrotas no importan si se trata de ganar la guerra.

Porque esa decisión que toma de capitular es en parte ante el horror de los ajusticiamientos de Vasconcelos para que se respete a los secesionistas y no condenarse al fracaso…

Que no haya una matanza. Él lo que hace eso, y eso está explicado en la historia, salvaguardando la vida de los insurrectos, lo cual sugiere que da por perdida esa batalla, pero no la guerra. Eso es lo que los mantuanos, quienes lo traicionan lo achacan, que da por liquidada la guerra y la insurrección. Y esto no es así; lo que quería Miranda era tomar tiempo. Tenía el Sapphire en el muelle para escapar del puerto de La Guaira para escaparse al día siguiente e ir a Trinidad. Eso también está documentado, pero en fin todo eso no diluye, sino aclara lo que es una traición entre un padre y un hijo desde el punto de vista moral, militar y político.

Miranda es comido por su hijo en el banquete de la historia…

El suplicio es el de Tántalo que es también un poco todo esto, levantar él mismo trabajo y la derrota constante.

Hablas del tamborileo de dedos del general como anotando una partitura inventada, el arete de la oreja que había conseguido en Amberes, una serie de imágenes para acompañar al lector, incluso esos epítetos de general tristeza, general regreso, general felón… que van matizando sus estados anímicos en la novela…

Está muy bien leído. No es que yo adorne el personaje con elementos físicos para que el lector se regodee en el placer de su propia lectura, yo no pienso en eso. Pienso en mí mismo y como escritor, más que como lector y luego todos esos elementos literarios, el general memoria, el general huida, el general recuerdo, el general ladrón, el general traidor son el rumor popular que le decía a Miranda ‘aléjate de nosotros, porque no tienes nada que hacer’.

Eso por parte de los hombres, porque las mujeres eran todo lo contrario…

Las mujeres sentían una devoción y una atracción muy especial por él, antes de conocerlo y mucho mayor después de conocerlo. Era un hombre ilustrado, con categoría, con solvencia, con educación. Triunfó, una, dos y tres veces en los salones literarios, políticos y sociales de Londres, París y Moscú y era un personaje que le llevaba distancia a cualquier venezolano en ese momento sideral. No me cabe en duda que era el primer americano que había en ese momento en el mundo, por muy arriba que luego estuvieran en la historia.

Dado que se te nota cautivado por el personaje qué te gustaría más recuperar, ¿su colección de camafeos con vello púbico o su biblioteca desperdigada?

Ese imposible sueño de recuperar la biblioteca de Miranda que cualquiera sabe dónde está. Los clásicos griegos de esa biblioteca sí están en la Universidad Central de Venezuela. Tenía una biblioteca de seis mil volúmenes y todo eso se remató de mala manera, porque Sarah Andrews, su mujer, no tenía dinero y los parlamentos boliviano y venezolano negaron la posibilidad de que la biblioteca fuera comprada por esos países, no le dieron el permiso, ni a Bolívar ni a Sucre y aquella biblioteca se perdió como tantas cosas importantes en América Latina se han ido perdiendo.

¿Crees que Sarah llegó a descubrir en qué banco estaba esa colección impúdica?

No, eso pertenece a la leyenda que en el fondo se ha convertido en una de las leyendas divertidas y fascinantes de Miranda, pero en realidad no parece haber existido o tener existencia histórica, lo que pasa es que literariamente tiene un gran valor y no me gustaba desprenderme de él por muy fantasioso que fuera.

Ese insolente caraqueño que distingue la auctoritas de la potestas queda en manos de gente miserable como De Las Casas que al final es su protector…

No, ése es el grandísimo traidor, porque lo tiene en su casa y lo entrega y es el que además imagina el ardid según el cual el cuerpo de ese delito que es Miranda va a ser moneda de cambio para los españoles, porque Bolívar lo que quiere es fusilarlo al amanecer y De Las Casas le sugiere que no, que para qué van a matarlo si los españoles van a estar muy contentos de tener a un hombre que busca la Corona desde hace 30 años y que busca la Inquisición desde hace 44.

Quizá De Las Casas lo salva en ese sentido…

Pero lo salva porque le interesa más que matarlo, porque tiene un valor inmediato de ser moneda de cambio. Lo grave es que está en su casa y es el anfitrión. El gran traidor. El que monta toda la argucia perversa, sórdida y mezquina y lo que hacen los venezolanos bolivarianos es agarrarse inmediatamente a De Las Casas y decir que el traidor fue él y que Bolívar era un muchacho que iba allí. Bolívar vino de Caracas, incluso se dice que vestido de cura para que los españoles no lo detuvieran y llega a la mansión en La Guaira a detener y matar a Miranda. Nada de que él no tuvo nada que ver. Si hubiera sido por él lo hubiera fusilado.

¿Y hubiera sido una muerte mejor para Miranda en lugar de estar condenado a ver esos esteros, cañas y salinas?

Fusilarlo allí hubiera sido peor para Bolívar.

Lo hubiera recolocado en la historia en su justo sitio…

No, no, no, bueno quizá, no se sabe nunca, eso es impredecible. Bolívar era tan cruel que fusilaba. No consta, para ser exactos que Miranda mandara fusilar a ningún compañero por ningún error. Pudo mandar fusilar a Bolívar por lo de Puerto Cabello y lo perdona y ahí es donde pierde, porque su generosidad es tan grande que lo convierte en prisionero del propio perdonado, pero Bolívar sí no sólo intentaba su propio suicidio, en arranques de cólera muy grandes fusiló a José María España, a Manuel Piar, que además era primo suyo y desde luego mucho mejor militar que él. Fusilaba a todo lo que se le ponía por delante, además con una crueldad espantosa, porque de lo que se trataba era de la historia, del juego del poder. Y el juego del poder es muy complicado en un personaje como éste que aspira a ser el poder.

Y cuando le vaticina ese “arará en el mar” es algo que él ya había probado en su ajetreada vida militar.

Efectivamente, le dice usted sólo arará en el mar, es decir, todo lo que dice Miranda que va a pasarle a Bolívar es lo que éste pondrá al final de su vida en Santa Marta en su testamento: Todo aquel que hace una revolución, arará en el mar, aquí lo único decente que se puede hacer en América Latina es exiliarse. Ese canto elegíaco al final de su vida es realmente asumir un fracaso que Miranda en la noche de la traición lo vaticina: sólo no podrá hacer la gran Colombia, está condenado al fracaso, si usted me hace esto a mí se lo harán a usted y efectivamente así es.

Porque la patria con mayúsculas que intuye Miranda queda perdida por la torpeza del coronel y también por esa rencilla ancestral de los mantuanos.

Porque como dice Miranda los mantuanos y esa gente no sabe hacer otra cosa que bochinche, bochinche, bochinche. Hoy mismo vemos en Venezuela un bochinche constante con el proyecto de la América Latina unidad que no es nada más que retórica de nacionalistas perversos. No te olvides de aquella frase fantástica de Albert Camus cuando la izquierda francesa no entendió sus posturas y hoy las entendemos tan claramente y le preguntaron, ¿tú cómo no eres nacionalista a estas alturas? Y dijo amo demasiado a mi país como para ser nacionalista. Es una frase genial para dar un curso en la universidad.

Esa noción del bochinche siendo canario le aporta unas adherencias que sobrepasan la literalidad.

Bochinche en Canarias y en Venezuela es la misma cosa; el bochinche es el desastre absurdo. El sentido de la palabra es muy poderoso y tiene su sentido en el contexto en que se dice y tiene su sentido popular. Un hombre que falta 44 años de Venezuela y que llega con esa palabra que es puramente venezolana y canaria que recupera de la infancia para hablar del desastre, una vaina horrible, algo que no tenía que haber ocurrido, pero que han hecho imbéciles.

A Miranda le atrapa La Sayona, a pesar de los ensalmos de sus esclavos, pero cierras el libro con un Bolívar que se queda metafóricamente sin aire como dejó al general.

Son paralelos. Lo que pretende decir es que Miranda tenía razón en lo que le dijo en La Guaira y lo que le pasa a Bolívar en Santa Marta con la soledad asombrosa que se ve cuando dice “estoy en un laberinto del que no puedo salir”, de ahí lo de el general en su laberinto, el laberinto en el que se encuentra es tener que aceptar a toda costa su fracaso como libertador. Muere allí y América se libera, pero no por las tropas bolivarianas, sino por las de cada mantuano de cada país y de las clases dirigentes de cada país que son absolutamente españolas, pero no el proyecto americano que ha sido un fracaso hasta hoy y seguirá siéndolo si no se estudia a fondo.

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