La mujer de sombra

Maquetaci—n 1 Entrevista a LuisGé Martín, autor de “La mujer de sombra”

Eusebio se desprende de todo lo que es, de sus seguridades, para ir en busca del ama dominante que esconde la mujer que ama, sumergiéndose dentro de un mundo terrible de sexo prohibido, pero donde vive más intensamente que nunca.

El libro es toda una patada en el estómago, pero que no puede abandonarse…

Debo confesar que estoy un poco sorprendido de las reacciones que está teniendo el libro, porque no tenía yo la sensación de que el alcance del malestar que provoca en los lectores del que ya me han llegado numerosas noticias, iba a ser tan exagerado, tan alto. Es verdad, que al principio uno tiene la sensación ante las primeras voces que hubo de que a lo mejor se trataba de que esa persona en concreto era demasiado sensible a determinados temas, a determinados asuntos. A estas alturas cuando ha llegado a gentes de todo tipo de sensibilidades y estilos de vida que me han casi “regañado” en el buen sentido, porque la lectura les había perturbado, les había revuelto algunas cosas y que había algunas cosas obsesivas o intensas como para que tardaran en írseles de la cabeza. Yo por supuesto como escritor lo tomo como un halago y estoy encantado de que eso haya ocurrido así y que también esta pequeña magia que tiene la literatura donde las cosas que muchas veces los escritores queremos contar no acertamos a hacerlo y sin embargo, cosas que no creemos que vayan a llegar a una cierta intensidad cuando el libro aparece y tiene ya los ojos del lector descubre que sí, que están ahí.

Para bien o para mal no es un libro fácil de leer…

Es un libro bastante lineal que cuenta una historia desde el principio al final con sus recovecos y en ese sentido sí es fácil de leer. Creo que es un libro –y también me lo han dicho- que no se puede soltar, porque uno quiere saber qué le va a pasar a Eusebio, a Julia o a Marcia. Y no sé si lo primero, pero una de las cosas que cualquier escritor yo creo que pretende es contar cosas pero sin aburrir y en ese sentido es muy fácil de leer. Por otro lado, esta misma mañana me decía un amigo escritor que lo había sentido en Semana Santa y que había tenido esa contradicción justamente o esa paradoja: que por un lado, no lo podía dejar, pero por otro no lo quería coger, en el sentido de que había algunas historias que le perturbaban, que le molestaban, que le llevaban a sitios a los que no quería ir de alguna manera. Eso tiene que ver, aparte de con el temperamento de cada uno, con lo que al final uno espere de la literatura, no sólo como escritor, sino como lector; entonces. Como para mí la literatura siempre ha sido más bien un instrumento de reflexión, nada pedantesco que me haga vivir realmente cosas distintas a las que ya vivo o las mismas de una manera más intensa y que, por lo tanto, al hacérmelas vivir de una manera más intensa u otras que no he vivido produzca algún tipo de cambio, de metamorfosis en mí. En ese sentido yo creo que la literatura tiene que cumplir las funciones que parece que este libro está cumpliendo y para mí el desagrado puede ser una de ellas, no quiere decir que haya que escribir libros para desagradar a la gente, ni mucho menos, pero sí libros que de alguna manera provoquen eso, emociones y depende del libro, de lo que uno quiera hablar las emociones serán unas u otras.

¿El proceso de documentación fue muy exhaustivo?, porque da una cierta sensación de abismo el adentrarse en ese mundo sórdido, pero muy cercano, casi de la puerta del vecino.

Sí, en el fondo no es evidentemente una historia que yo haya vivido; tendría que hacer un inventario de si alguna de las experiencias está sacada de mi experiencia directa o semidirecta, porque al final los escritores no sólo recurrimos a nuestra propia experiencia como es evidente, sino a la de la gente que nos rodea, pero lo que sí puedo decir es que hay algunas historias, de los relatos que están insertos en la novela que son historias reales, manipuladas literariamente y todo lo que se quiera como la de la pareja en la que ella se suicida al conocer que él le ha ocultado que tenía sida. Insisto en que al final hay que insertarla en un libro y componer unos personajes y todo, pero es una historia cierta. Probablemente si le preguntas a alguien podría pensar que me la he inventado y ésa concretamente no me la he inventado. Al final los materiales de los que yo he partido siempre en literatura y yo creo que parten todos los escritores desde Homero hasta nuestros días pues son lo que a uno mismo le ha pasado, lo que le ha pasado a gente que tiene alrededor, lo que uno ha leído, material puramente literario y que se va trasladando de libro a libro y los deseos que uno tiene en la cabeza. Esos tres materiales son los que están en “La mujer de sombra” y los que están siempre.

Retratas muy bien el mundillo de las tertulias y de lo literario…

Pues ésa es una de las parte literaturizadas, porque no lo he sufrido en carnes propias. Después de tantos años en el mundo literario tengo amigos que son escritores con los que coincido de vez en cuando en presentaciones o en saraos, pero no he ido nunca a talleres, ni he dado clases en talleres literarios y es algo que conozco un poco de oídas.

Pues lo has contado muy bien…

Me alegro.

Hay muchas referencias fílmicas o televisivas. La peripecia de Eusebio recuerda a la del protagonista de “El corazón del ángel”, abandonado de sí mismo en una búsqueda que le sumerge dentro de un mundo terrible. Eusebio se desprende de lo que es en busca de un mundo que ni siquiera sabe si existe…

Sí, eso es exactamente así. No tenía ni mucho menos en mente esa película que vi en su día y recuerdo que me horrorizó por el final efectista y previsto, pero historias de caídas en el infierno de alguna manera que es lo que es “La mujer de sombra” hay miles y son historias que a mí me son muy gratas. Y es posible que muchos de los ambientes que queden ahí recogidos estén tomados o metabolizados de tantas y tantas películas o tantos y tantos libros. A mí me gusta mucho el cine y veo mucho más cine que lo que leo, porque no sé si es más rápido o más fácil ver una película que leerte un libro y en cualquier caso lo que yo sí que creo es que todo lo que vemos y todo lo que leemos al final se metaboliza y hay veces eso sale sin que uno sea muy consciente de ello luego. Recuerdo que en mi primer libro de cuentos estaba muy claro quién había detrás, yo creo que tenía una voz propia, pero estaba muy claro que estaban detrás Cortázar y Borges. Lo que pasa es que ahora metabolizo más, porque tengo una edad de metabolizar y ya no soy groupie de nadie ni me deslumbran tanto otros autores y otras cosas, pero claro que mamo de todo lo que veo y todo lo que leo. Y efectivamente ésta es la historia de alguien que se desprende de sí mismo, que empieza a buscar algo y en esa búsqueda se pierde a sí mismo y no sabe dónde va y acaba cayendo en un infierno.

Recuerda la historia de un hombre cualquiera de Fatos Kongoli inmerso en una historia que no le corresponde y acaba en un hotel con una jovencita, en un descenso permanente y sin rumbo. ¿El personaje principal es el protagonista o está viviendo la vida de otro, porque cansado de su hedonismo pasado de vueltas para conquistas más a su mujer quiere suplantar la personalidad del amigo muerto?

Esa interpretación me parece perfectamente válida, legítima y cuadra con lo que yo creo que son dos de los grandes temas desde el principio en mi literatura –de estas cosas me he dado cuenta hace un par de años-. Estuve repasando todos mis libros por azar para una conferencia que tuve que dar y me di cuenta de que había dos cosas de las que había estado escribiendo toda la vida: una es el cambio de identidad, esa idea de que realmente la vida se nos queda corta y necesitamos ser otro, convertirnos en otro. Depende de qué libro sea las razones son unas u otras y en éste es la necesidad de convertirse en otro tanto en Guillermo como en Eusebio para meterse en ese mundo que no le corresponde, que es ajeno a es vivir plácido que ha tenido siempre y para averiguar quién es realmente la mujer a la que ama. Y el otro asunto que está permanentemente en mi literatura es esa idea de que nos conocemos a nosotros mismos, pero sobre todo, a los demás, incluso a la gente que tenemos más cercana muy fragmentariamente, una parte muy superficial de ellos y que todo lo que hay debajo es un poso de oscuridad, de sombra, de deseos y de impulsos muchas veces poco confesables, monstruosos y que cuando hay una pequeña razón para que todo eso aflore, aflora. En el caso de Eusebio es ése conflicto de saber si Marcia es Julia o Julia es Marcia y empieza a tirar de ese poso oscuro que tenía y acaba donde acaba. Yo creo que mucha gente puede llegar a morirse sin que esa bomba que tiene dentro estalla y tiene vidas más o menos vulgares o reprimidas, pero cuando se da ese punto de estallido se encuentra la parte más auténtica y a veces más delicada de cada uno de nosotros.

Eusebio “mata” a Julia en busca de esa Marcia que no sabe si existe, enfrentado a un espejo oscuro…

Mi interpretación, que aunque sea yo el autor no tiene por qué ser la mejor de la novela, que tiene que ver con mis propias obsesiones es que de alguna manera lo que hace Eusebio es no conformarse con no conocerlo todo, no poseerlo todo, tener la necesidad de saberlo todo de la mujer a la que ama que es Julia y esa sospecha de que hay una Marcia oculta detrás de ella le lleva a ir tirando de ese hilo perdido del jersey hasta acabar deshaciéndolo todo a fuerza de tirar. Esa necesidad, esa obsesión de poseer a los demás íntegramente y no fragmentariamente, sobre todo cuando estamos hablando de relaciones amorosas, ese que no quede nada fuera de nuestro alcance, que sepamos lo que sueña, lo que desea, lo que querría haber hecho, lo que hizo eso que tiene tanto que ver con los celos, esa obsesión, esa forma obsesiva de amar es lo que hace a Eusebio enfrentarse en un determinado momento ya no sabe si a Julia, a Marcia o a qué. Él lo que quiere es poseer completamente a esa persona.

Porque se mueve sin satisfacer a esa sádica oculta que ha muerto un poco con el matrimonio…

Hay ese miedo también. Él que no tiene –que yo sepa- a pesar de que lo intenta para probarlo también, un instinto masoquista, habría sido feliz si ella le hubiera pegado, le hubiera castigado, porque entonces se habría resuelto su duda, habría sido capaz de adaptarse a esos gustos sexuales heterodoxos de Julia a cambio ya por fin de saber toda la verdad. Yo creo que a veces, estoy seguro, que hay personas muy celosas que están seguras de que sus parejas les engañan y que descansarían porque por lo menos ese tormento desaparecería y tendría un monstruo al que enfrentarse ya más certeramente.

La certidumbre es menos peligrosa que la duda.

La incertidumbre, la certeza, sea cual sea, incluso la que a uno menos le pueda gustar como la infidelidad o en este caso el sadomasoquismo, que no sabemos si a él le puede disgustar mucho, pero de momento no es su placer favorito es algo más asumible que esa incertidumbre de no saber lo que tiene delante y esa duda es lo que acaba destruyendo sentimientos y relaciones.

Lo que sí mantienes es la tensión narrativa de no desvelar si Julia está detrás de Marcia o no prácticamente hasta la última página…

Tengo que confesar que estoy muy satisfecho de cómo ha quedado eso en la novela, porque por un lado, si uno lo piensa racionalmente hay muy pocas dudas de que son la misma persona. Él ha hecho una pesquisa más o menos racional, luego cuando le manda cartas ella tampoco le cuenta lo que está pasando con un loco que le manda cartas. Siendo racional, que es lo que Eusebio está siendo hay muy pocas dudas, pero sin embargo, esa pequeña duda, infinitesimal que preside la relación hace que él cada vez esté más angustiado, más desesperado y esté superando todas las líneas rojas.

Esta novela sí que es un Gran hermano, porque te sumerges en la mente de personas absolutamente normales con obsesiones silentes…

Hace mucho que no lo veo, pero espero por su bien que no lleguen a estos niveles.

El verdadero experimento sociológico son novelas como ésta…

Hay una cosa que a mí me fascina en literatura y que es mirar por el ojo de la cerradura, poner el foco en aquello que sólo se podría ver mirando por el ojo de la cerradura, no paseando por la calle. Yo hice un libro –el único que he publicado que no es literatura- que era exactamente un experimento sociológico, en los años noventa, cuando todavía había correo epistolar e internet no estaba tan desarrollado. Estuve durante dos años estuve poniendo anuncios en revistas eróticas, en Segundamano, haciéndome pasar por todo tipo de personajes, chicos, chicas y de todo tipo de tendencia erótica para establecer contacto con personas de todo tipo. Reuní tres mil cartas y de ellas hice una selección de las cien mejores que se publicó en un libro que editó Temas de hoy. Esa sensación de saber cómo se comporta la gente sin que ella sepa que la estás mirando, eso es lo que a mí como lector, además de cómo escritor, por supuesto, me interesa mucho.

En el funeral de Guillermo el grito de la madre por ese Segismundo muerto da comienzo a la pesadilla de Eusebio sacándole de su vida, ¿en una clara referencia a Calderón?

Sí, le saca de una vida anodina, aunque a mí no me importaría mantenerla, voy a ser sincero. Ni se me había ocurrido esa lectura: Segismundo es un nombre que elegí por lo sonoro y por lo atípico, justificado además por la historia del padre psicoanalista y Freud, pero efectivamente esa escena del cementerio o en la confesión es cuando realmente comienza a cambiar el punto de inflexión de la vida de Eusebio. Ni me lo había planteado…

Yo es que me dedico ya al psicoanálisis de escritores…

Me parece maravilloso.

Eusebio entra en este jardín por una superstición de que los vivos esperen a muertos que nunca volverán, en un juego de la ausencia y de la negación de la muerte.

Los muertos pesan, los fantasmas existen y evidentemente Guillermo ha muerto, pero Eusebio se mete en este esquema jardín por amor: podría haber ido a ver a Marcia y haberle contado todo tranquilamente si ella hubiera sido una persona por la que no sintiera atracción, pero claro, la historia de que Guillermo también a lo largo de toda la novela mantenga ese hilo de vida ficticio, escribiendo cartas, en la crisis inicial de Eusebio y supongo en el recuerdo de Julia cada vez que recibe una carta y a medida que va casando todo el rompecabezas hace que no deje de ser también una prolongación de alguna forma de la vida. Ese conocimiento fragmentario por la teoría del caos nos haría pensar que ni siquiera somos capaces de conocer los efectos de nuestros actos estando vivos, pero ni siquiera estando muertos, conocernos profundamente a nosotros o a los demás implica conocer el efecto de nuestra propia vida, el rastro que hemos dejado.

Hay una dualidad en el rechazo de la muerte de Nicole, por ejemplo, por el recuerdo del accidente aéreo que recuerda al de Spanair…

Me lo motivó el que yo siempre he sido aerofóbico –vuelo, yo no he sido como Nicole y lo llevo además bastante mejor-, pero en el accidente de Spanair iba un amigo –te estoy mintiendo-, vamos, el amigo íntimo de un amigo íntimo, al que yo había saludado el día antes. Todo ese tipo de cosas para mí tiene esa carga esotérica que literariamente es muy útil.

Por un lado está el miedo paralizante de la muerte y por otro esas escenas de sexo cadavérico entre Marcia y Guillermo…

Es un sueño sobre todo, porque para mí la muerte es el tema central de toda la literatura. Escribimos y hacemos casi todo lo que tiene que ver con el arte o la religión que no deja de ser una sublimación, porque somos absolutamente incapaces de entender qué cosa es eso que es la muerte y todo lo que se deriva de eso. Todo lo que tiene que ver con ese absurdo al que lo reduce todo mirado con una distancia literaria está en “La mujer de sombra”, por supuesto, y en toda la literatura y en ese sentido, también muy freudianamente, de andar por casa, el sexo funciona como una antítesis de eso, ese único punto en el que la muerte es conjurada y uno puede escapar realmente aunque sea por instantes de esa idea, de esa sensación necrofílica y olvidarse.

Es un libro muy barroco entonces, incluso por la decoración de la puerta de la vecina…, con la superación de la muerte a través de la oscuridad, de la pesadumbre que le conduce al desastre.

No lo había pensado, pero yo soy absolutamente barroco en ese sentido y en algún libro en el peor sentido. Aquí es en esa visión pesimista de la vida y de usar todo tipo de argucias para, por lo menos aguantar el tirón, claramente sí.

Fuera de la anécdota de ese hombre obsesionado está esa concepción de Valdés Leal de la vida que se escapa…

Y por eso esa necesidad de estar al límite, para sentir que la materia de la vida, al modo de Quevedo, tiene sentido. Él está buscando… Aquí ya estoy haciendo una lectura improvisada de mí mismo, pero es verdad que hay un punto en la novela en la que él ha entrado en una dinámica en la que ya no sabe si está cayendo en el infierno porque está buscando a Marcia, o porque ha tomado ese rumbo de vivir al límite porque es la única forma de ver que la vida tiene sentido de vivirla intensamente. Creo que ni siquiera el propio Eusebio lo sabe y está cayendo, pero con muy poco margen de acción y de análisis.

Sobre todo, porque termina en un autodescubrimiento, llegue a parecer que dejas el hilo conductor de Marcia y él va a seguir por otros derroteros, perdido en unos mundos que ni siquiera suponía que le pertenecían.

Es curioso porque el primer borrador de la novela era así, pero muy a mi pesar, no es porque yo hubiera querido dejar el hilo de Marcia, sino porque yo también había caído en una inercia y se daba mucho más protagonismo a muchas más barbaridades de las que hay, él se metía en un submundo mucho más sórdido. El problema de ese borrador que yo corregí en cuanto cogí distancia es que desvirtuaba lo que yo quería haber hecho: no quería que Marcia-Julia perdieran el protagonismo y quería que quedara en esa segunda línea desdibujada como en la portada, pero que sí siguiera siendo el motivo por el que Eusebio está haciendo lo que está haciendo.

©Alicia González

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