También la verdad se inventa

tambien-la-verdad-se-inventaLa necesidad de ser el otro es el hilo conductor de la novela de Fernando Delgado, “También la verdad se inventa”, donde en el anonimato de la radio los oyentes juegan a mostrar un yo que quizá ni reconocen.

¿Cómo surgió la idea de esta novela que casi es una conversación con el lector que es el oyente de radio, no sé basándote en tu experiencia?

No, entre las historias que contiene la novela se da una que es la del psiquiatra argentino que vive en Viena y que me relató el tenor, la persona a la que está dedicada la novela. No quería hacer una novela basada únicamente en ese caso, sino una novela que tratara, como creo que trata, de su imaginario personal y del derecho que cada uno tiene a vivir esas otras vidas que permite vivir el imaginario.

Esa cita del inicio del libro de Machado es el eje del libro…

La novela se tituló, incluso en el contrato editorial “Dice ser Alma”, inicialmente, pero al final, después de acabar la novela retomé un trabajo que yo tenía escrito sobre Antonio Machado y en el transcurso de ese trabajo, al enfrentarme con esos verso, vi que, en efecto, tenía el sentido del título porque, la verdad que se inventa no es la mentira, ni es el engaño. Antonio Machado hace una reivindicación de la fantasía y también yo creo en el sentido de la novela que aglutina e integra las muy diversas historias que se producen en ella. Siendo una novela coral, o una novela fragmentaria, todas las historias tienen el mismo sentido y eso es lo que le da una unidad estructural al relato.

Junto a ese vínculo a través de la palabra y el que todos ellos se deshacen de esa alma o esa apariencia en el transcurso de una emisión de radio…

En efecto, ellos realmente lo que revelan es el otro yo que diría Rimbaud, cuando dice “yo soy el otro”, ése es el sentido que tienen todas las conversaciones a lo largo de la novela.

La autora de “Alter ego”, una artista japonesa habla de la necesidad de ser el otro y de personas que de forma consciente o no experimentan un cambio interno como sucede en la novela…

A lo largo de todas mis novelas me he preocupado siempre del tema de la identidad, de esos otros que llevamos dentro y en ninguna novela de modo tan expreso como en ésta.

Y ese retomar la radio ha sido porque te da ese espacio de libertad y te permite desnudarte también tú de la apariencia…

Necesitaba un espacio público en el que se confesaran mis personajes y me pareció una buena liason la de la radio y la noche, entonces al principio la elegí por eso, pero después no me di cuenta de que se iba convirtiendo en el escenario de la novela y finalmente he entendido que la radio viene a ser otro personaje. Por otra parte, me planteó un reto literario, que era la oralidad, empeñarme en un lenguaje que tiene sus dificultades, porque transcribir es bastante difícil, hacer verosímil lo que se dice, tal como se dice oralmente requiere buscar un lenguaje de aproximación. Además, no se trataba sólo de elaborar unos diálogos, sino de contarlos que es lo que imprime a la novela varios registros.

Casi todos los personajes están desdoblados en una serie de espejos sucesivos…

Sí, eso forma parte del mismo empeño y creo que da sentido a la novela; no todos están desdoblados, pero aquellos que lo están lo están de manera premeditada para dar sentido a ese otro mundo, a esa otra verdad que se inventa.

Incluso la locutora que al inicio parece sólo un personaje pasivo, la conductora del programa, pero a medida que se va avanzando nos muestra esa doble identidad.

Además la locutora como se verá a lo largo de la novela ha ido allí por otras razones, no es una locutora profesional. Se ve desbordada por otras razones e implicada luego en la situación.

Ese conceder la palabra en el nombre del programa “Suya es la palabra” lo tomaste de tu experiencia o era porque querías hacer partícipe al lector como se hace en la radio.

Una cosa y la otra, porque un programa de radio de esas características lo exigía y por otra parte esa implicación del lector para conseguir que sea un oyente, cosa difícil, pero por pretenderlo que no fuera, era uno de mis propósitos. El mejor elogio que he oído a algún amigo que leyó la novela fue, todavía no te puedo dar la opinión, porque todavía no la he terminado, pero estoy oyendo la radio, algo que me resultó muy gratificante, porque era algo que yo deseaba.

Y en esa escucha de la radio has logrado plasmar ese procedimiento de desnudez que permite sobre todo la radio de noche.

Hablamos de la radio, de su poder como medio de comunicación que es una de sus funciones, pero también es un medio de expresión y yo creo que es de todos los medios el que induce más al desarrollo de la imaginación. La radio ha sido muy creativa y a veces ha invitado con frecuencia al oyente, dándole una pauta a trabajar su propio imaginario. En ese sentido era el medio más adecuado para el objetivo que yo me proponía. La radio era el mejor medio para el tema de la novela. He oído recientemente que un directivo de radio celebrar que la radio se viera ahora también a través de internet, pero yo pensaba y pienso que la radio es mejor que no se vea, porque la radio que se ve es una televisión devaluada. Su grandeza también es que no se vea. Resulta insustituible hoy la radio en el coche o mientras haces cosas, porque todos los demás medios exigen la atención en una pantalla y la radio no te exige eso, por lo tanto ésa es su peculiaridad. Internet integra todos los medios y la radio participa de ello y se puede escuchar también a través de internet. Hoy hace más innecesaria la onda corta, porque en el extranjero puedes escuchar una emisora local a través de internet y lo que hace internet es ampliar el efecto de la radio, pero la radio vive sin internet también, por su cuenta y es insustituible en ciertas situaciones. Yo me levanto por la mañana y mientras me ducho, mientras desayuno, incluso mientras contesto correspondencia, correos, cosas que no requieren la atención que exige la escritura, escucho la radio que me va informando sin necesidad de imagen.

Pero ésta es una radio más deslenguada por el exhibicionismo de los personajes a partir de la intervención de Alma

Claro, porque los personajes son más impúdicos porque la radio es el medio más anónimo, incluso internet y los chats hoy incluyen imágenes y hay alguna referencia o puede haberlas, pero la radio no cuenta con imágenes o cualquier otro “peligro” de identificación.

¿Y es necesario despojarse de la apariencia para conocernos?

Con frecuencia no somos lo que aparentamos e incluso para conocernos hay que hurgar por dentro. A veces los personajes los personajes que llevamos dentro o no los tenemos vividos o no los tenemos reconocidos que también puede ocurrir.

Parece que es una asignatura pendiente de la propia Almudena

Pero yo creo que ella queda sorprendida por eso, ella sí que no pretende desvelar e incluso sus circunstancias son para ella sorprendentes y ella se encuentra involucrada en esa historia. Luego al final sí, en su intento de ponerse en el lugar del otro reconoce que ella también es otra.

Espacios como el de esta radio siguen vigentes…

Sí, existen, pero trufadas de internet, porque mientras hablan hay otros que se comunican por Twitter o Facebook y se han mezclado esos otros procedimientos y esta radio que se presenta aquí es una radio voluntariamente de antes de internet como si fuera en ese sentido una radio más pura.

Ha dejado esa radio huérfana a sus oyentes, porque allí se reivindicaban otras formas de vivir distintas a las convencionales

Bueno, no lo sé, la verdad, pero cumple una función distinta. Es posible que esos oyentes hayan encontrado también otras formas de comunicarse y de desnudarse que les compensen, ¿no?, pero ya no es la misma, en efecto.

Te has permitido muchas licencias al poner opiniones propias sobre cuestiones como la reivindicación política, temas sexuales…

De política hay poco, aunque instituciones y la política aparecen aludidas, pero he procurado ponerme en el lugar de mis personajes, incluso a veces resulto rozado por ellos, pero en esta novela como en cualquier otra.

¿Has sufrido este tipo de programas?

Yo he tenido programas en los que los oyentes hablan, pero hablaban generalmente de temas de actualidad, sociales o culturales, pero esta radio íntima y nocturna no la he cultivado nunca.

Aunque recreas muy bien todo el traumatismo de tener a ese oyente que se queda colgado eternamente en antena…

Sí, pero eso también, porque le he transferido a la locutora, eso también es un poco mío, mi propia timidez. Yo, lejos de lo que pueda aparentar soy muy tímido y esa timidez me llevaba a despedir mal o no muy bien a los oyentes y a veces pasaba eso, pero creo que con razón y se debía a esa timidez. A los tímidos nos cuesta mucho quitarnos a los pesados de encima y luego cuando te los quitas lo haces de un modo brusco. Los tímidos podemos llegar a ser muy suaves, pero muy bruscos en un momento determinado. Y hay cierta brusquedad a veces en la locutora, cierta hartura contenida que yo la he llegado a tener con oyentes míos, pero no hablando de temas íntimos, sino de temas más generales.

¿El incluir una trama pseudo-policíaca surgió espontáneamente o forma parte de la estructura?

Sí, porque en realidad la primera versión…, la novela la interrumpí muchas veces. Hace doce años que estoy con esa novela, pero no porque haya estado doce años trabajando en ella. La he dejado muchas veces y alguna vez fue por el prejuicio de que se pudiera hablar mucho de la radio y no me gusta mucho mezclar la literatura, mi literatura con mi oficio, con el periodismo, aunque siempre he tenido la intención de hacer una novela más periodística, una novela reportaje, pero no se ha dado la oportunidad o no se ha dado el tema o no me ha apasionado hacerlo, pero siempre he tenido como la intención de hacerlo. Por esta razón la dejé muchas veces e hice otras novelas y fue quedándose ahí, esto quiere decir que ha tenido muy distintas versiones, pero en la primera ya estaba ese lado policíaco, es más en ella ese hombre que aparece desnudo de cintura para abajo en un montecillo de la carretera de Ocaña era el arranque de la novela.

Ya que en la novela hablas sobre todo al principio de reconocerse en la propia voz, ¿has encontrado en esta novela la tuya como escritor?

Siempre está uno en busca de uno mismo, ya sea el escritor o la persona, pero tal ve tenga que ver con que la voz ha sido fundamental en mi vida, porque he trabajado con ella, pero también me la han reconocido. Sabes que cuando uno tiene un don, poreso en eso no tiene uno mérito alguno, naces alto o bajo, rubio o moreno, con buena voz o sin ella, entonces cuando tienes un atributo no le das mucha importancia, pero te das cuenta de la importancia que le dan los demás y también constatas la que le dan aquellos a los que les ocurre lo contrario. A mí me parecen bien las voces bonitas, pero me admiran mucho aquellas voces que no son precisamente hermosas, pero son muy eficaces o expresivas, pero consciente de que la voz es un elemento importante de la identidad o que puede serlo en algunos casos, por eso le ha dado ahí importancia y más en un programa en el que se manifiesta la gente y lo hace con una u otra voz. La voz es importante en esas novelas radiofónicas y los nombres siempre me han llamado la atención: las razones por las que las personas tienen un nombre u otro, las razones por las que los sufren a veces. Conozco gente que ha sufrido un nombre y que ha llegado a sufrir complejos por un nombre.

Y luego están las oportunidades perdidas como esa mirada al autobús donde va una persona que ya no forma parte de tu presente.

Sí, ésa es desde el punto de vista poético el aspecto de la novela que más me interesó; me hubiera gustado escribir una novela bajo la obsesión de esa mirada que pasó fugaz. Es difícil que eso te dé para trescientas páginas y ser una novela desde el punto de vista poético interesante.

En ese fragmento se detiene toda la rapidez del lenguaje oral de la radio para que el lector persiga también ese autobús

Era un buen arranque, porque pertenece a una de las versiones posteriores de la novela

¿Te divertiste mucho contando las peripecias de Angélica, aquella sobrina extraña de un sacerdote?

Me llegó a resultar pesada, a veces antipática. Es curioso que es uno de los personajes de los que más me hablan y llegué incluso a pensar en quitarla, porque a lo largo del proceso de la novela he quitado y he puesto mucho. Y ahora, ésta es la única novela que yo he leído después de publicada, porque una vez entregada la novela jamás las he vuelto a leer y ésta es la excepción y cuando ya me he puesto en esa imposible distancia del lector, ya con la novela hecha, me ha resultado más simpática, me he visto sorprendido por ella.

Y ese hilo de humor de toda la narración te ha permitido tocar otros temas más polémicos como la homosexualidad

Creo también que sí, porque el humor no sólo suaviza, sino que prolonga los significados o los multiplica, porque el humor tiene la virtud de la poesía en su ambigüedad y por lo tanto yo me alegro mucho de que se reconozca el humor, porque me gustaría que se hiciera todo con humor.

¿Hubo alguna sintonía de la novela mientras la pergeñabas?

Sí, hay una expresa que no es que la estuviera escuchando yo, pero la imaginaba, pero esa sintonía mozartiana me ha gustado mucho siempre y suelo sentarme a oír música. Nunca pongo la música de fondo de otras actividades, la música me requiere siempre mucha atención, pero en cambio, Mozart es lo único que pongo a veces como música de compañía y entonces lo he usado así, pero luego aparecen Miguel Ríos y Ana Belén O Martirio y Juan Perro, Serrat o Leonard Cohen evocados y están porque se trata de músicas que me han gustado en ese contexto que tienen un significado.

Es más una novela melancólica, más divertida o con un trasfondo de búsqueda de identidades e ídolos en el espejo

Yo creo que tiene de todo eso un poco y aunque mi novela no es una novela de tesis me gustaría que quedara en la gente después un poco el trasfondo del discurso moral, de la comprensión, una manera de ponerse en el lugar del otro. Me gusta que la gente sea tolerante, pero en la tolerancia veo una cierta concesión; no se trata sólo de admitir, sino de comprender, sino de ponerse en el lugar del otro, se trata de la comprensión que es una virtud humana que a veces se vincula a lo religioso y que me parece muy cívica. No se trata sólo de tolerarnos sino de entendernos.

No es tanto caridad hacia los personajes, sino solidaridad hacia ellos

La compasión no entendida como lástima sino el sintonizar con el otro, pero no necesariamente para implicarse, sino para entender.

 Alicia González

 

 

 

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