Los diez del Titanic

418202_10150694017377682_547598705_n  “Los diez del Titanic” retrata los avatares de los pasajeros españoles a bordo de esa provocación que era el barco más lujoso jamás fletado. El periodista Javier Reyero, Cristina Mosquera y Nacho Montero nos llevan a esa comedia humana de Balzac en un transatlántico que es su travesía, con las miserias y el heroísmo de quienes vieron crujir al barco de la White Star Line y sobrevivieron al desastre o perecieron, víctimas del código de honor.

-Una entrevista con Javier Reyero-

La comedia humana de Balzac en un transatlántico…

¿Fue una idea de uno de vosotros u os sentíais cautivados por el Titanic al descubrir que había españoles dentro?

Todo es un poco producto del interés, de la curiosidad y luego de la casualidad. A Cristina, a Nacho y a mí siempre nos ha llamado mucho la atención el Titanic, y hace diez años cuando se publican unos datos de personas embarcadas en Cherburgo empezamos a indagar sobre el número de españoles que había supuestamente. En ese momento ni siquiera era una investigación, sino curiosidad y hace aproximadamente tres años nos damos cuenta de que tenemos mucha información y de que hemos conseguido certificar cuántos españoles eran y la presencia de un octavo español que no estaba muy claro y además sacar a la luz la presencia de otros dos españoles de los que nadie sabía de su existencia, porque siempre se había hablado de siete españoles en el Titanic, tal vez ocho, pero nunca de diez.

Hace tres años nos planteamos que toda la información la tenemos que organizar, estructurar y que es material suficiente para hacer un libro. Como sabíamos que llegaba el centenario del Titanic fue una labor titánica, nunca mejor dicho, porque hubo que organizar todas las informaciones, cribar, eliminar y fue mucho más complicado eso que escribir el libro.

¿Os habéis repartido los capítulos para la redacción del libro?

Ha sido más aportación de todos y aunque nos hemos repartido los capítulos, por ejemplo, nos hemos puesto de acuerdo en cómo lo íbamos a titular, en qué información iba en cada capítulo, y ahí vino uno de los retos, intentar darle una uniformidad al libro y creo que lo hemos conseguido. Queríamos hacer un ensayo periodístico, contar lo que les pasaba a los españoles.

¿Cuál fue tu tarea?

Yo me he ido ocupando más de contextualizar el barco, su fabricación y sobre todo, también de cuál fue la vida de los españoles que sobrevivieron. Cristina de lo que tiene que ver con ellos en el barco y Nacho de ellos antes del barco. Siempre hemos puesto la información en común, viendo lo que se podía publicar, por eso en la página web www.losdiezdeltitanic.es nuestra idea es crear una pestaña donde vamos a añadir documentación que no esté en el libro como el vino del restaurante a la carta del hundimiento, listas de embarque, otras fotografías que están libres de derechos, y algunas cosas que nos han ido pasando una vez publicado el libro.

Creía que iba a contarme una maldición al estilo lord Carnarvon…

No, espero que no, de momento yo tengo poco interés en embarcarme en cualquier barco que sea más grande que las barcas a remos del Retiro.

En el Costa Concordia no se ve…

En el Costa Concordia pasó una cosa curiosa… El diario El Mundo en el suplemento del fin de semana, el Magazine, que publica adelantándose al centenario del Titanic. Todo lo que había en él era del Titanic: En la parte de moda posaban con ropa que imitara la moda de aquellos tiempos y las fotos de cubierta las hicieron en el Costa Concordia dos días antes de que el barco se hundiera. O sea que sí que debe haber algo, por eso sí que es mejor no subirse los que hayamos tenido contacto directo o indirecto con el barco.

La peripecia del Titanic parece el efecto de su propia soberbia, pese a todas las advertencias: el retraso por la huelga del carbón, la colisión con el Nueva York…

Que está a punto de producirse cuando salen y eso retrasa una poca la llegada al Cherburgo. Además el barco se llama Nueva York, que es un pequeño remolcador…

Y es la ciudad adonde no llegarán los pasajeros… y con ese chasquido premonitorio o la bandada de gaviotas que lo despide en Cherburgo y todas esas malas vibraciones de Fermina que recuerda el caso del Reina Regente.

Y la madre del señor de Fermina, Víctor Peñasco, pues también tenía premoniciones. Le había dicho que hiciera lo que quisiera en la luna de miel, pero que bajo ningún concepto subiera en un barco.

Reciben todo tipo de advertencias…

Sobre el campo de hielo, los icebergs que normalmente estaban más al norte, pero incluso el California que es el barco que se para ante la presencia del campo de hielo –algo que no te garantiza que no vayas a tener problemas, porque dependiendo de la corriente, el hielo puede romper contra el casco o sea que esto de la soberbia del capitán del Titanic o de la compañía siempre es muy relativo. No sé hasta qué punto estaban convencidos de que el barco era insumergible, seguramente los profesionales del barco sabían que no lo era. Lo que nunca nadie había pensado es que el barco iba a tardar tan poco tiempo en hundirse, de modo que no hubiera suficientes botes salvavidas era algo típico de 1912. El problema es que el Titanic tardó dos horas y poco en hundirse, un tiempo impensado. Si hubiera tardado cinco o seis horas en hundirse hasta el Carpathia hubiera llegado. Y ése es el quid de la cuestión, lo que pasa es que un siglo después tenemos en este mundo que es tan garantista una visión distorsionada y anacrónica.

Incluso la evacuación pudo producirse no con las clásicas melodías de vals sino con el ragtime de la época o con los sones de gaita de Daly en ese barco lleno de música…

También era para animar a la gente, aunque hay muchas versiones contradictorias sobre qué es lo último que sonó en la cubierta. Era un barco muy musical y en ese momento en que había cierto caos en la cubierta si oía música la relacionaba con la normalidad –eso es lo que han dicho casi todos los supervivientes-, todos agradecían esa normalidad.

No se pusieron ni siquiera de acuerdo sobre algo que hoy sabemos fehacientemente que se comprobó cuando se encontró el pecio en 1985 y es que las conclusiones de la comisión de investigación británica desacreditan por completo los testigos y cree que la gente se equivoca, porque han confundido la explosión de las chimeneas con que el barco se parte y llega a la conclusión de que el barco se hunde entero, porque eso de que se parte es una tontería.

Siendo un naufragio un buen momento para desaparecer… ¿pudo haber algún pasajero que aprovechara el desastre para emprender una nueva vida?

Nunca lo había visto desde esa perspectiva, es posible que hubiera más españoles o que Encarnación a la que nos ha costado tanto seguir el rastro y de la que sabemos muy poquito, salvo una postal que recibe de su hermana ya de vuelta en España, pues a lo mejor no quería saber mucho de su vida anterior y aprovechó para desaparecer. Me parece un punto de vista interesante, a lo mejor tenemos que escribir otro libro.

Son hilos que van quedando en la obra…

Yo siempre digo que cuando llegue el 110 aniversario del Titanic o el año que viene, seguro que descubrimos cosas nuevas. Es que este barco tiene una mística que hace que siempre estén saliendo posibilidades, porque siempre hay mucha duda que yo creo que es lo que lo hace más apasionante al asunto.

¿Había muchos personajes de incógnito, el Titanic era un barco de impostores?, por ejemplo Juan Monros sube como camarero por sus dotes políglotas, pero cuenta a su familia que va de intérprete…

Seguramente. El caso de Juan era engañar a su familia para que su madre esté tranquila, y no le exigiera que retornara urgentemente a París, lo que intenta es decir que está encantado de la vida en Londres, aunque estaba empeñando hasta la camisa. Y luego en el momento de embarcar sabemos por las cartas que tiene una cierta desazón, así que le cuenta que embarca como intérprete. Es una mentira que se mantiene durante siglos, porque los descendientes de Juan Monros siempre han pensado que su tío-abuelo era intérprete. Hay muchos mitos. Incluso en “La violetera” uno de los personajes se embarca en el Titanic. En el mundo de la literatura cada vez que alguien ha querido que un personaje tenga una ventura singular o que desaparezca lo que hacían era embarcarlo en el Titanic. Seguramente más de uno aprovechó el Titanic para cambiar de identidad, desaparecer o para decir que iba en el Titanic y nunca pisó los muelles de Southampton.

No es que no hubiera españoles pobres, sino que el inglés no se nos daba bien…

Si emigrabas y sólo tenías dinero para comprarte un billete de tercera que en el Titanic ya era bastante caro, a veces más que uno de segunda en otros barcos, lo que hacías era buscarte un buque que te llevara a un destino donde el idioma dominante fuera el español. Por eso no había españoles en los barcos que hacían la ruta a EEU.

Porque en el Titanic lo que era decisivo era ser británico…

Sobre todo no ser italiano, porque en los restaurantes de más alcurnia del barco no acababan de ver muy bien que el personal que atendía a las mesas donde había gente de la alta sociedad británica y francesa no fueran británicos o franceses. No parece que fuera muy del agrado en aquel tiempo donde había bastante xenofobia que un italiano atendiera las mesas principales. Gatti, el máximo responsable de la restauración es de origen italiano y confía mucho en cocineros y reposteros italianos y al final, no sé si hace la vista gorda, pero no era la norma de la época.

Salvarse era cosa de sexo…

Eso es en todos los barcos, mujeres, niños y luego los demás, por una preservación de la especie y galantería o una mezcla de las dos cosas.

Mientras ellos juegan, ellas están en la biblioteca…

Vivíamos una sociedad tremendamente machista donde las mujeres tienen un papel muy reservado. Los hombres eran los que se iban a sus salas de fumar y las mujeres se iban a sus camarotes.

En cambio en los botes donde son ellas las que enseñan a remar a los marinos…

Porque en el momento de la salvación vale todo, pero sí que es cierto que el comportamiento de los botes más que clasista era de a ver, yo soy mujer, estoy en el bote y aunque usted sea mayordomo entiendo que si está en este bote es porque va a hacer todo lo posible para salvarme y no entiendo por qué usted no sabe remar. Y entonces las mujeres se preguntaban por qué subieron ustedes mientras nuestros maridos se quedan allí en cubierta cuando ellos sí saben remar. Estas son las situaciones que marca el protocolo de salvamento de cualquier barco. Sí es cierto que hay alguna mujer que le explica cómo debe enganchar el remo y así es cómo se boga.

¿En el pánico sofocado con hachas y pistolas pudo haber algún español? Los españoles tienen un porcentaje de supervivencia altísimo, a lo que pudo contribuir la clásica picardía…

La picardía más clara es la de Julián y Emilio que siendo pasajeros de segunda y hombres consiguen subirse a los botes, uno de ellos buscándose la vida durante una ola y otro lanzándose a la desesperada sobre el mismo bote. No habían recibido o no habían entendido bien la orden los dos oficiales que estaban haciendo el embarque por estribor y babor: uno de ellos Lightoller lo que entiende es que mujeres y niños primero y sin embargo, lo que entiende Murdock es mujeres y niños sólo. Lo que es el factor suerte; si tú te ibas a estribor y eras hombre tenías una probabilidad mayor de salvarte. Lo que hacen estos dos españoles es, producto de la desesperación, si se saltaron un código de honor o algo parecido al honor, ellos nunca lo contaron. Nunca lo sabremos y tampoco hay testimonios de nadie que los acuse de nada, salvo del momento en que se lanza Julián y se parte la pierna. No sabemos si hicieron alguna barbaridad, porque todo lo de los hachazos y los disparos nos ha llegado de supervivientes que lo cuentan como una realidad y en cambio los miembros de la tripulación de la White Star Line lo niegan. Al final esto ha pasado de ser parte de la mitología del Titanic: lo de la gente a la que le habían cortado los dedos, porque se había agarrado a un bote en el agua.

Lo que sí son tangibles los boletos de empeño de Monros y los de lotería que luego venderá Emilio…

Lo de Emilio me parece impresionante: que tú te salves en una situación de máxima suerte y en la parte final de tu vida te dediques a repartir suerte a otras personas. Me parece de guión cinematográfico es lo que hemos llamado vidas de película.

No ahorráis el retrato de la miseria con Mellors zafándose de una mujer sin salvavidas, otro que se disfraza con un chal y lo detectan en un bote o el dandy que acaba su partida mientras el barco se hunde o cosas tan sórdidas como tener que comprar un cadáver para poder retomar tu vida como le sucede a Josefa.

Y como pasa con el certificado de Servando Oviés. En una catástrofe como la del Titanic pasan muchas cosas en muy poco tiempo. Había gente que todo el mundo pensaba que iban a ser grandes líderes, llamados a situaciones de heroísmo y a lo mejor algunos fueron tremendamente cobardes y otros lo que hicieron fue poner muy por encima de cualquier criterio la educación –yo soy un caballero de primer clase y entonces tengo que hacer lo que marca mi clase, porque me parece tan espeluznante la perspectiva de la deshonra si me salvo que prefiero no salvarme y si muero o me salvo cumpliendo el código, por lo menos no tendré una vida desgraciada. Y hubo personas que parecía que no estaban llamadas a nada y su comportamiento es el de líderes naturales, porque en el fondo es un microcosmos en el que hay 2.500 personas ante una situación extrema. En el fondo lo que pasa entre las 23:40 y el momento del hundimiento es una representación en muy poco espacio y tiempo de lo que es la vida.

Es la ausencia de civilización como en “El señor de las moscas”…

El cerebro límbico es el que se pone en marcha y la supervivencia es una prioridad para todos, pero no todo el mundo coge el mismo camino.

Víctor reza en cubierta tras despedirse de Pepita que embarca, con una conducta caballerosa que remata el añadido de esas postales post-mortem que se envían desde París cuando él ya ha muerto.

Él tiene un comportamiento caballeroso en cubierta, muy relacionado con su cuna, con su formación y las cartas -que luego se convierten en género epistolar postmortem- a su madre marcan mucho el respeto familiar,. De esos comportamientos hubo muchos en el Titanic: si tú eras caballero y eras de primera clase, tenías un altísimo porcentaje de posibilidades de morir. ¿Dónde era más fácil que murieras? Si eras hombre de primera o de tercera, porque ésos eran los que casi estaban predestinados a la muerte.

De esos diez personajes ¿con cuál se identifica?, ¿Fermina con su estampita de San Jose?

Yo me veo más en el papel de lanzarme a la desesperada, en ese buscarme la vida, pero siempre cumpliendo las normas. Me identifico más con Emilio lanzándose al bote o con Fermina diciendo “aquí ya han metido a las mujeres de primera y yo, aunque soy sirvienta, soy también de primera clase”. Yo le tengo especial cariño al personaje porque es la doncella de una mujer de primera clase, unido a que concedió muy pocas entrevistas parece completamente secundario y es tan principal como cualquiera de los otros 304 que se salvan, porque tiene la ocasión de vivir en el Titanic lo mismo que todos los demás. Viendo con perspectiva histórica hemos sido un poco clasistas en España con el asunto, porque se habla de la pareja glamourosa que llevaba una doncella, como si fuera un mueble.

Ella al contrario de Servando que cambia sus planes para embarcar no quería hacer ese viaje y va un poco a rastras…

No le tocaba morir ese día y ni siquiera era doncella de la chica Peñasco, era costurera y le ofrecieron la oportunidad de dejar de coser y con esta pareja recorrer el mundo. Casi a rastras como si fuera un baúl más monta en el Titanic y de igual modo consigue salvarse.

¿Ha cambiado tu percepción del Titanic?

Hace poco viendo el documental de James Cameron uno de los que aparecían me identifiqué mucho con él porque decía que su vida había estado muy ligada al barco y el día en que se descubre y ve por primera vez el barco hundido estuvo llorando mucho tiempo, porque tenía una idea idealizada del Titanic y ver de repente el pecio herrumbroso le quitaba mucha liturgia. El pecio parece lo menos Titanic de toda esta historia, porque está inmóvil, no hay vida, no hay personajes y en el fondo es lo único real de esta historia, pero es más vívido el recuerdo, el testimonio de la gente, es más interesante lo que tiene que ver con la navegación, la botadura en el fondo, que esos restos hundidos.

 

 

 

 

 

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