Las buenas ideas. Una historia natural de la innovación

No todas las colisiones tienen efectos tan dramáticos como la de los cometas con la superficie terrestre; el impacto entre disciplinas científicas puede ser el germen de la innovación según aseguraba Koestler y como Dunbar demostraría en un experimento sociológico –ese sí y no el Gran Hermano de Telecinco-, combinando mentes de investigadores en un entorno informal. El ruido controlado, semejante al que nos rige durante el estado onírico se revela en este libro mucho más productivo que la aplicación del método y la conceptualización individualizadas.

Interconexión pues, en grado máximo en procesos tan ineficaces como la reproducción sexual, pero que habilitan que ese posible adyacente sea capaz de indagar nuevos cauces de adaptación a modelos mutables. El autor nos descubre el eclecticismo que habita en las grandes masas urbanas en las que, aparte de huertos alternativos, brotan con mayor intensidad las subculturas y con ellas la erosión de convencionalismos temerosos de esa agitación pánica que a veces adopta la forma de grabaciones sonoras exaptadas para generar una nueva comprensión de la creación musical: Brian Eno.

Irónicamente queda por desplegar el potencial que ofrecen las redes para, sorteando las burocracias verticales que imperan en los gobiernos, favorecer un espacio comunal abonado con la serendipia, el reciclaje y una cierta fractalidad que florezca al modo de los arrecifes coralinos, extrayendo al máximo el carbono y plasticidad del ecosistema que es nuestro cerebro.

Las buenas ideas. Una historia natural de la innovación.Steven Johnson.Turner Noema, Madrid, 2011.318 páginas.

Anuncios