No voy a odiar

El bebé que acaba aplastado en el barreño, los zurcidos en la ropa del pequeño protagonista, la muerte sus hijas en los días previos a un inminente alto el fuego que llegó tarde y la agónica peripecia de ese ir y venir por una frontera que separa la vida y la muerte. Todo es dolor y al mismto tiempo esperanza. Izzeldin Abuelaish como Mayar, Bessan y Aya es un hombre con una indeleble fuerza de voluntad; si ellas persistían en rescribir su nombre en la arena para impedir que el mar se las llevara, a este ginecólogo nada ni nadie le ha extirpado su confianza en la herramienta del diálogo. Pareciera llevarla en el maletín y suturar con ella repetidas veces las heridas de un conflicto ya eterno. La linde de las tierras de los suyos, dibujada por esas chumberas de “dedos regordetes”, esas tierras de Houg, llevan ahora el nombre del represor, Sharon.

El muchacho de Jabalia, médico reputado, puso rostro a la desgracia anónima, ésa que ha seguido a la catástrofe, Ha Nakba del 48 y que se constató en el estupor y el rechazo de los espectadores israelíes de un telediario, sobrecogidos por el drama en directo. No hubo cohetes Qasam, excusa siempre útil de quienes querían rendir la voluntad de Gaza, ni venganza en el ánimo del médico, sólo tolerancia y un llamamiento incansable al entendimiento mutuo. Pero no sólo eso basta, porque la dignidad de los palestinos requiere del esfuerzo de todos los que nos hemos aburrido de una lista interminable de sufrimiento y de la inclusión de las mujeres en la solución activa de este desangrarse.

No voy a odiar.Izzeldin Abuelaish. Aguilar, Madrid, 2011. 229 páginas.

 

Anuncios