Cultura mainstream

Los potentados de las compañías de contenidos en las potencias emergentes y los iracundos conservadores de los Estados Unidos siguen, pese a las discrepancias y persecuciones históricas que los unen, una doctrina convergente. Ambos cantan las virtudes de la familia, de la religión y se espantan ante la permisividad sexual de la industria del entretenimiento. Respecto a que sean igual de exquisitos con la restricción de la violencia habría mucho que hablar, pero eso los convierte en aliados contra ese poder blando que supone la cultura dominante, la mainstream.

Y en este escenario planetario los proveedores de servicios y de ideología cultural han ido reduciéndose, especialmente tras la caída del comunismo que ha debilitado definitivamente una vía de paneslavismo y por supuesto, la dominancia rusa, sustituida ahora, como sucede por otra parte en todo el mundo por la espectacularidad sin intelectualismos de la MTV.

En los arrabales de la cultura occidental han surgido opciones resistentes al virus de la globalización como la industria cultural india del brillante Bollywood con sus historias previsibles de moralejas maniqueas y locales. A  ellos y a los prescriptores del gigante chino es a los que hay que seducir moviéndose en los espacios de grisura que deja el régimen censor de Pekín para que la geopolítica de la americanidad, vestida de diversidad, penetre por los poros de estos futuros consumidores que sólo pueden escapar desde el pequeño resquicio de las redes.

Cultura mainstream.Fréderic Martel.Taurus, Madrid, 2011.458 páginas.