Escaparates

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¿Cuántos pendientes puede usar una persona a lo largo de su vida? ¿Cuál es tu anillo preferido? ¡Ah, que no te pones más que ése! ¿Somos como las urracas y nos gusta acumular lo que brille, aunque no lo necesitemos, aunque no nos guste, aunque sean baratijas, aunque sean de valor y para obtenerlas haya sido necesario verter sangre o mano esclava en los países productores? ¿Detrás de las joyas sigues estando tú o sólo eres un leve reflejo?

Es tiempo de anillos grandes, de ostentación, precisamente en momentos de gran carestía, de apariencia, de falsedad, porque da igual que la pieza sea auténtica, lo importante es poder lucirla. Quizá nos hemos habituado a un nivel de vida que no nos corresponde o quizá hemos reducido la noción de abundancia a la posesión de bienes materiales. Hubo un tiempo en que todos fuimos clase media-alta… Ahora que la crisis arrasa con el bienestar que nos cura, el bienestar que educa a nuestros ciudadanos y el bienestar que protege a los más desfavorecidos properan los anillos de verdad, el lujo sólo para gente exclusiva, el oropel caro, pero tan barato en su concepto como la vaciedad que anunciaba el otro, el de las clases medias y bajas que se creyeron parte de la élite y no quisieron ver cuando los augures avisaban de los peligros de haber perdido la conciencia de clase. Porque de la propiedad no se derivan más que derechos asociados al poder adquisitivo, pues como bien dice un anuncio pensado para que los ricos presuman de sus virtudes no contables, “no es lo que tengo, es lo que soy”, aunque una vez que no tenga, dejaré de ser uno de ellos. Entonces sólo me quedará lo que soy, pero puede que en el viaje hayan conseguido desclasarme y deba emprender el camino de retorno al lugar al que pertenezco, ahora sí concienciado de los deberes de la defensa de tus derechos.

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