Despilfarro

Si abren este libro encontrarán escenas con una elevada dosis de obscenidad, porque como aseguraba al autor un representante somalí del Programa de Alimentos, “los privilegiados del mundo son un montón de cabrones egoístas y derrochadores”. Sólo en épocas de carestía como las que suceden a las contiendas mundiales la población se conciencia y es aleccionada mediante la propaganda de las bondades de proteger los alimentos, incluso en su condición de arma. El resto del tiempo consumidores, cadenas de restauración y minoristas generan recursos desechados equivalentes a entre 1.200 y  1.900 kcal. Por persona y día. Pero no es un problema que se circunscriba a la cultura estadounidense pues, como expone el autor la eficiencia en la gestión ha sido históricamente la excepción y no la regla, tomando el derroche como símbolo de prestigio.

Los actuales potlatch pueden empezar a salirnos caros en sociedades que han asimilado ya la necesidad del reciclaje, pero están a años luz de redistribuir correctamente los excedentes por no invertir “en las opciones de utilizar y reutilizar para el consumo humano”. Hemos llegado a trasladar la estética de las pasarelas a los expositores de los supermercados, de los que se descartan kilos de productos “deformes” en una nazi selección que lleva al extremo eso de que lo que comemos nos entre por los ojos.  Tristam Stuart no tiene ningún reparo en escarbar en nuestra basura y en denunciar las malas prácticas de una inadecuada sostenibilidad de la industria alimentaria contra la que el activismo de los freegans se vuelve insuficiente. Por el momento los que rebuscan en la basura lo agradecen, pero o ponemos en marcha ese país utrófico o el impacto medioambiental será inasumible.

Despilfarro.Tristam Stuart.Alianza Editorial, Madrid, 2011.462 páginas.