Contigo aprendí

Trajes de lamé plateado y nudos de suzani por los que pasar suavemente la mano, ésa es María Luisa una mujer de gustos sofisticados, nacida para hacerse paso en el Hajji Baba Club y entregada sin embargo obcecadamente a un amor en la más pura tradición del romanticismo trágico. A José no le importa, él ha venido a hacer su mejor compra y los ojos verdes de la joven Bohem no dejan lugar a dudas; son el broche necesario para una ascensión social en la que la exótica Marga Lúa no encaja. El “cubano” se engaña al pensar que ella se casa por amor a esa familia arruinada por los juegos bursátiles y no por despecho y por la mala influencia de una madre, Radis, que consiente a Álvaro lo que le impide a su hija.

La esposa no acaba de acostumbrarse a ese hombre construido en las rudezas de una madre humilde, la misma que no acepta esa espejo que siempre deseó y pone los cinco sentidos en los frisuelos. El puerto de La Habana con su acalorada sensualidad y esa vida más liberada de la moralidad provinciana van provocando que la arrogante protagonista se olvide del respeto a las creaciones de Balenciaga y se entregue a los ritmos de Grenet y a una rutina de decoradora de interiores en las tardes tórridas de El Fondón. Pero como los galanes de folletín son persistentes Fernando no suelta la presa y cita a la abnegada María Luisa para recuperar el tiempo perdido en el Waldorf. Una novela que ha merecido el premio Fernando Lara 2011 sobre la lucha contra la belleza y que moverá los pies al lector en más de un pasaje.

Contigo aprendí. Silvia Grijalba. Salamandra, Barcelona, 2011. 218 páginas.

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