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Jugaba a la comba y la utilizó de liana para escapar a la luna o para aferrarse a ella bien fuerte, gaucha de sus empeños. La mujer, sólo una mujer, veía su reflejo en la luna de la luna, pero era tan sólo un espejismo, una campaña publicitaria más tratando de hacerle esquivar sus limitaciones pegando aun más al suelo su cuerpo, sepultándola bajo un mar de bolsas. Le aseguraron una pose arrogante, clavando sus pies al firme. Un simple cordón basta para que la atadura sea más prieta y gracias a la tecnología el círculo de su identidad se malbarata en la dirección de un e-mail que no es ella. ¡Borra todo eso, sobreponte y empieza a escribir tu propia historia, aunque sea huyendo por la alambrada, porque serás sombra, pero al final del túnel que te de salida quedará un espacio y en ese esbozo tus manos se desharán de las carencias sabiamente silenciadas a golpe de tarjeta!

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