Los ojos de la mente

Para el detective Benny Cooperman Alexia no es nombre de tango, sino de dolencia y de las que a un lector y más aún a un escritor pueden dejar tan maltrecho como un mal de amores. Ver sin entender, sentarse ante el mundo con los ojos vacíos de interpretaciones y saberse obligado a reconstruir todo ese universo de convenciones que nos acercan y nos separan de los otros. Oliver Sacks es el amable neurólogo al que muchos toman por bromista debido a esa herencia en ocasiones impagable, la prosopagnosia que le impide reconocer los rostros de la gente, incluso de la más allegada. Curiosa afección para este miembro del Club de Nueva York de los amantes de la estereopsis que en esta recopilación de enfermedades de la visión proyecta un catálogo de percepciones .

El autor de “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” nos presenta a nadadores en aguas del infortunio como Pat, provista del muestrario de emociones, su biblia para las relaciones sociales, al que nos podemos reducir y con el que la paciente encara su afasia. Como ella, la valentía paseante de Lilian, recorriendo los metros de pérdida que la separan de sus certezas, una vez que la agnosia va haciendo mella en su mapa cotidiano. La emoción de Haydn transporta a la pianista a un espacio de dimensiones tan tangibles como la imaginería que Torey ha edificado en su cerebro para suplir su ceguera material. Mundos activados por el lenguaje donde escuchar el sonido de los objetos.

Los ojos de la mente. Oliver Sacks. Anagrama, Barcelona, 2011. 287 páginas.

 

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