Huella jonda del héroe

La de Montero Glez. en este libro no es una ruta que pueda remedar el lector al que le haya apetecido el plato, para desandar sus pasos habría que tener ojos de buen observador que descubra esos hombres-peces en las paredes de una Andalucía inexistente en las guías turísticas. Puede que sea un libro de viajes, merecedor del premio Llanes 2012, pero sobre todo, la propuesta del autor es para alguien que gusta de orearse con ese viento que enajena y así tentarle la mano al escritor que, como buen acompañante por el Infierno nos deja que nos detengamos en las texturas y los olores de cada roca, de cada noche en vela.

Suya es la intención de desvestir al héroe, el Melkart fenicio o el prolífico Hércules, dolorido de locura quizá porque tanta belleza no cabía entre sus manos. Por eso el autor de “Pólvora negra” se paraliza en Sancti Petri, bajo el calor del tiempo frente a un templo desaparecido o nos ofrece la imagen de esos muros al otro lado del moro con ansias de mirón, en una evidente muestra de voyeurismo activo del aficionado a los toros -los ángeles con cuernos picassianos- que no pisó el albero más que para arrancarse en el paseíllo. Pero como toda aproximación mistérica no quedaría completa sin el sonido, Montero ensarta las travesuras de los jipos, imbuidos del remolino de novedad que trae el injerto de la base, el arcoíris que cantaba la muerte de Camarón en la plaza, durante la faena de José Mari Manzanares y la queja por seguiriyas de Caracol en una quemazón flamenca de ésas que hacen romperse la camisa al más pintao.

Suyo es el escozor de la culebrilla y del lector el paladeo de las tortillitas de camarones que le inflan los mofletes a Ceesepe, suyo el martirio del mono despiojador, el dolor por los mojamés insepultos de la mayor fosa común que es el Estrecho y nuestro el disfrute del paganismo tangerino en el que Paul Bowles se deja caer como su novela, espoleado en la necesidad de hallar a ese Hylas mítico, mientras el lector anota convenientemente la seña de los carraspiques, por si hiciera falta añadir carnalidad al destino mágico de un reino de Tunia que, sin duda, habrá que transitar, una vez que Montero Glez. lo ha resucitado con su mirada.

Huella jonda del héroe. Montero Glez. Imagine ediciones. Madrid, 2012. 171 páginas.