Marionetas de cada minuto

A veces, observando con suficiente atención podemos darnos cuenta de que no somos tan libres como creíamos, ni tan originales como pensábamos. A veces nuestra vida gira en torno a pequeñas esclavitudes que se sustancian en rutinas que hemos creado incluso nosotros mismos. A veces, cualquier trabajo, por modesto que sea, requiere una preparación, aunque eso depende de lo exigente que sea cada individuo con su nivel de implicación en sus oficios, porque debemos recuperar esa mentalidad artesanal que hacía de nuestra vida cotidiana un entusiasmo, sin alejarnos ni un milímetro de lo que significa cada pedazo de acción que vamos arrojando por el camino. Nuestras acciones somos nosotros, a pesar de que en este mundo malvado haya quien nos haya querido convencer de sólo se trataba de producción y mercancía. Poniendo el corazón en cada acto, éste será único, por muy repetitivo, por previsible que sea.

¿Y qué me dices de la labor callada del que te asiste, del que está a tu lado haciendo la tarea más ingrata? Nuestro egotismo nos impele en muchas ocasiones a olvidarnos de quienes constituyen el soporte, porque nosotros queremos ser los protagonistas cuando el foco nos ilumine, sin caer en la cuenta de que la intensidad de su brillo se mantendrá en el tiempo si sabemos apreciar todas las circunstancias que nos llevaron allí, a esa playa afortunada en la que tan sólo reposaremos durante unos instantes, por mucho que nuestra soberbia nos haga creer lo contrario.

Seguramente os estará pareciendo un sermón de iglesia, pero ésas son las esencias de un entrenamiento religioso, la constatación de una pequeñez que requiere una conducta solidaria para así hacer acúmulo de fuerzas y poder echar a los mercenarios del templo. La meditación en el desierto que nos prepara para regresar a la polis, porque el hombre tendría muy fácil el ejercicio de la bondad siendo solo, salvo tentaciones sádicas autolesivas, pero la cosa se complica cuando debe poner en práctica la paciencia de permanecer en la sombra mientras es otro el que reluce o debes soportar el desprecio del que considera que se sostiene gracias a sus propias fuerzas en el pedestal.

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