La voz de la calle

P1190020Recopilación de signos y símbolos que enmudece el clamor del ruido ambiente. (Esta inscripción en una pared madrileña podría estar clavada en un juguete de aquellos antiguos, un juego articulado de madera sujeto por remaches en los extremos o en una ruleta, porque las tres palabras parecen poder colocarse en cualquier orden y seguir teniendo sentido. Tal vez cada palabra sea llevada en volandas por uno de esos artistas circenses orientales que se movían como culebrillas y haciendo cabriolas y volatines saltaban uno sobre el otro, dando mortales atrás en un número frenético. Ese frenesí es el que mueve al autor del eslogan a clavar tres palabras en un muro, “No debemos, pagamos”, “Pagamos, no debemos”, “Pagamos, debemos, NO”, siendo esta última la proclama más radical por ese grito de negación que prosigue a las obligaciones que nos impone la realidad mal parida donde todo se concibe calculadora en mano. Asumimos que incorporarnos a una vida verdaderamente social es eso, entrar en el circuito de la deuda y del pago y de la renuncia, del no a todos los principios en los que creiste, a cambio de seguridades que se vuelven a veces inciertas.

Todo eso si es el ciudadano de a pie quien lee el rótulo, porque podría suceder que el lector fuera un político o una de esas personas que se ha visto exenta de padecer los arrullos de la crisis, pese a haber podido acunarla en sus brazos financieros y en ese caso podría no darse por aludido. Ellos ni deben ni pagan como ratifican continuamente las sentencias que eximen a los culpables y que les provocan una cada vez más testaruda sordera. El suyo es un no a las reivindicaciones sociales que hasta se viste de presunción cuando se esgrime el deber y se nos hace pagar a todos las consecuencias de una política infame. La crisis es la mejor excusa para quienes creen que deben, aunque seamos los demás los que paguemos. Ante eso la respuesta debe ser no, pero hay muchos que siguen pensando que para protestar lo mejor es no votar a nadie; la única queja es la que es audible y de momento, la abstención sólo es silencio.

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