Infantas

infantasMaría Ana Victoria de Borbón y Farnesio, cazadora y melancólica abre este prontuario de vidas de infantas, féminas relegadas en el catálogo de la historia, con su sobresaltada peripecia de prematuros esponsales a los tres años con el futuro Luis XIV en las Tullerías. Historias de anatemas como el de Beatriz de Borbón, perseguida por la maldición de la herencia genética y aterrada por una República que pueda acabar como el octubre rojo. Secundonas y todo se hacen notar como nuestra infanta en la Caixa, la equilibrista Cristina, sobrenadando el escándalo del caso Noos o su antepasada, la agraz tía Pepa que dijera Godoy, rechazada por Luis XV, procaz monarca, marcado por el herpes afección cutánea que habría hecho juego con aquel adefesio tocado de terciopelo sobre la sien. Ahí debiera romperse el hilo, pues Carlota Joaquina, intrigante hija ilegítima como todos los bastardos del trono de Carlos IV si hacemos caso a los desmanes amatorios de María Luisa de Parma sería descendiente quizá a un rencoroso Portocarrero, más tarde insurrecto contra el rey felón. Bigotuda o no se casa con Juan VI, infante de Portugal, repudiando a la Pepa, la Constitución, que no su tía y conspira desde Sintra. Diecisiete vidas y un proyecto de reina, Leonor.

Infantas. J.M. Zavala. Plaza Janés. Barcelona, 2012. 416 páginas.

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