Continente salvaje

Sobre Continente salvaje final.indd  Soldados aliados, combatientes, asustados por el efecto de una jauría humana destrozándose por un puñado de caridad lanzada por compasión, escenarios lunares, matanzas en cadena entre pueblos vecinos para lograr una limpieza étnica que es aniquilación mutua, comitivas de desplazados sembrando el desconcierto y el terror, aunque a veces sólo su objetivo fuera el encontrar comida, tarea en la que la compañía de un militar estadounidense, negro, podía ser de más ayuda que cualquier fusil por el pánico racista de alemanes aún no desnazificados. Una orgía denunciada por Ehrenburg que comenzó con el escarnio casi de juego callejero y concluyó en un mecanismo sistemático de destrucción en campos estabulares de los diferentes que arrojó un saldo de un recuento familiar por supervivientes y no por faltantes. Desatado el animal, hubo vía libre para la violación pública y la expiación de las culpas de colaboracionismo mediante el prescriptivo rapado, venganzas bélicas de conflictos anidados entre hermanos resistentes en bosques donde la brutalidad tardó en volver a guarecerse.

Continente salvaje. Keith Lowe. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2012. 560 páginas.

Leer un fragmento

Anuncios