Cirkus Columbia

Un regreso a una Arcadia al borde siempre de la extinción

Un sentido excesivo de la propiedad lleva al padre del protagonista, Martin (Boris Ler), a regresar desde Alemania para recuperar todo: su país, la casa en la que vive su exmujer, Lucija (Mira Furlan), incluso el negocio de peluquería que ésta regenta o Bonny, el gato negro por el que ofrece una recompensa tan atrayente para esos bolsillos caninos que le hace deudor de su alarde, teniendo que atender sin descanso a los que ansían el botín.

Lo más extraño de esta nueva condición de indiano de Divko Buntić (Miki Manojlović) no es la entrada triunfal en Mercedes como los dictadores que dice repudiar, sino la compañía que trae consigo, una despampanante pelirroja, Azra (Jelena Stupljanin), con la que va a casarse, como un símbolo más de todo lo que ha conseguido lejos de casa y que por la disparidad de edades va a convertirse en el chascarrillo preferido del pueblo. Divko es un Shylock de los Balcanes, puesto que ha esperado pacientemente dos décadas para cobrar la pieza, una vez terminado el régimen comunista, y pese a su pudiente situación y sin importarle los traumas que eso pueda acarrear a su hijo está dispuesto a quedarse con todo. Tal vez sea una forma artera de convencer a Martin para que, mediante el tintineo de los marcos en sus bolsillos, elija lo que más le conviene.

Su proyecto de dar marcha atrás en el tiempo, de empezar de cero, donde lo dejó, y además, en mejores condiciones es inútil: se puede caminar por el tejado, puede uno dejarse llevar por los columpios del parque de atracciones, pero nada de eso te hará escapar de la llegada de la edad adulta, ni te hará regresar a una juventud perdida. Sólo el soporte, la red familiar se desvelará una vez más imprescindible para la supervivencia y ahí no hay lugar para las rencillas por un quién dejó en la estacada a quién.

Denis Tanović decía en una entrevista concedida a un medio italiano que quería ofrecer a los niños de la guerra la historia de un país que una vez fue normal y al que sorprende la guerra, como muy bien retrata la película en el esplendor de esa Belle-epoque que se marcaba en las radiofrecuencias con el indicativo YU. Desdibujada ahora esa mirada por la nostalgia, puede que un ojo más atento hubiera husmeado mejor los evidentes indicios de un enfrentamiento que condujo a la independencia de Croacia y a una expansión fractal del conflicto entre etnias, religiones, ideologías, siempre con la posibilidad de ampliar un poco más la fractura y de obstaculizar el entendimiento de quienes entonces ni concebían ni imaginaban el bombardeo de Dubrovnik. La guerra es algo televisado que no les puede alcanzar… Porque también es mala suerte regresar justo cuando todo parecía haberse estabilizado -quizá por eso la desaparición del minino-, si es que no queremos achacarlo a la perdición que aguarda a quienes se dejan llevar por sus instintos de venganza o al exceso de confianza del que piensa que teniendo la cartera llena y un primo ultranacionalista croata en un buen cargo todo es posible.

Alicia González

Ficha técnica

Producción: Bosnia – Herzegovina-Francia-Reino Unido-Alemania-Eslovenia-Bélgica-Serbia.
Año: 2010.
Duración: 113 min.
Género: Acción.
Reparto: Miki Manojlović, Boris Ler, Mira Furlan, Jelena Stupljanin, Mario Knezović, Milan Strljić, Svetislav Goncić, Almir Mehić, Ermin Bravo, Mirza Tanović.
Guión: Danis Tanović e Ivica Dikić.
Producción: 2006 / Art & Popcorn / Asap Films / Autonomous / Man’s Films / Razor Film Produktion GmbH / Studio Maj.
Fotografía: Walther van den Ende.
Dirección: Danis Tanović.

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