Quintaesencia

QUINTAESENCIA  La vida como laberinto de rupturas que impide que la muerte localice al destinatario de ese adiós y melodía que hay que saber escuchar. Antonio Gala nos previene contra la pérdida en el tiempo y ese mal compartido que es la soledad, cuyas cortesanas son la intolerancia, la intransigencia, la inflexibilidad y la idolatría, cuando debiera serlo su dama de compañía predilecta, hermana casi etimológica, la solidaridad. El escritor se quiere compartir una vez más y lo hace desde esa libertad interior que reclama, “no la última, sino la primera”, que no entiende de autocompasión, ni de pretextos para marchitar esa “rosa sin causa”, equivocación máxima la que queremos apresar con las ataduras del miedo. El mismo de los desencantados de esta España, “estado de ánimo” en busca de posibles sabios, tan extintos como esos amantes comme-il-faut. Y si el amor es acción silente, no declarante, otra devoción es la de la escritura, clarividente, pero invisible y con las mismas latitudes que la mujer, a la que ni la hermosura ni la gloria son ajenas.

Quintaesencia. Antonio Gala. Planeta. Barcelona, 2012. 329 páginas.

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