El delito de pedir justicia

Crulic, el camino hacia el más allá

Hora y media, apenas es lo que dista Oświęcim de Cracovia, pero nada parecían haber entendido los habitantes de la ciudad polaca de lo que significaban aquellos cuerpos esqueléticos de los campos de concentración nazis: el fruto de la pasividad y de volver la mirada hacia otro lado. Un hombre como ellos, el rumano Daniel Claudiu Crulic -oriundo de la ciudad de Dorohoi– es el testimonio evidente de que la historia puede repetirse de formas irónicas. Enero de 2008 un preso acusado de un crimen menor se deja morir tras la huelga de hambre emprendida para reivindicar su inocencia ante la desidia de las autoridades polacas. No hay como robar a un juez para que tu caso sea visto de inmediato y se te aplique una pena ejemplarizante.

A su muerte dos mujeres son las encargadas de ir a comprobar si el cadáver coincide con el del hijo y hermano: el famélico cuerpo de 40 kilos y 33 años, vagamente recuerda al joven que marchó a Polonia en busca de una oportunidad laboral, lo que dificulta el reconocimiento. Anca Damian, la directora de esta película de animación reconstruye para el espectador lo que queda de ese equipaje de emigrante, como aquella que reconstruía la vida del personaje de Sergei Dovlatov en su novela “La maleta”: las últimas pertenencias de un preso olvidado. Para los muertos no hay impedimentos, los restos repatriados de Crulic atraviesan sin problemas las fronteras que tantas dificultades burocráticas le costaron en su proyecto de emprendimiento como viajante entre Rusia, Rumanía y Polonia, vendiendo baratijas en un país que aprendía a sobrevivir sin Ceausescu. El protagonista de “Crulic – drumul spre dincolo” es un ciudadano ordinario, olvidado por los suyos -durante el proceso de su detención Claudiu reclamó sin éxito el apoyo del consulado de su país, que lo puso en manos de esa justicia ciega y sorda de un país extranjero que finalmente lo condenó a reclusión-, desdibujado, como los colores desvaídos de la acuarela que pinta algunos fotogramas.

A lo largo del documental, la directora nos acerca a la infancia y juventud de Crulic, al que da vida la voz del actor lipovano Vlad Ivanov -nacido en una localidad cercana a la del protagonista, Botoşani– mediante técnicas que van desde la fotografía animada y el collage, pasando por la animación tradicional o stop motion, que hacen muy dinámico el relato en primera persona de una víctima de un sistema que no le dio la oportunidad de defenderse. Nadie creyó que estuviera en Italia, pese a al aportación de pruebas, en el momento de la comisión del delito, ni estimó sus peticiones de justicia y lo que es más grave, nadie detuvo su penosa muerte, mientras se consumía debido a su fallida protesta mantenida a lo largo de poco más de tres meses. Su último alegato fue su cuerpo, en una extraña performance silenciosa demandando la libertad.

El caso que suscitó el rechazo de la opinión pública tanto polaca como rumana -espectadores ausentes en la sucesión de los acontecimientos y activos en la exigencia de responsabilidades una vez culminado el drama- provocó la dimisión del Ministro de Asuntos Exteriores rumano y del cónsul en Polonia, lo que quizá explique el que, por crítico que parezca el relato para las instituciones polacas, el documental sea un proyecto conjunto de la productora de Damian, Aparte Film y la firma polaca, Fundacja Magellana,basando el relato cinematografíco en una exhaustiva documentación elaborada mediante testimonios de los familiares y vecinos de Crulic, periodistas que cubrieron el caso como Malgorzata Nocun, compañeros de celda, incluso material extraído de los archivos policiales polacos.

Puedes verla hoy a las 20:00 horas y el próximo 5 de julio a las 22:00 en la Cineteca de Madrid o en versión original en Crulic – Drumul spre dincolo.

Os dejamos con una entrevista con la directora, Anca Damian.

 Alicia González

Ficha técnica

País: cooproducción Rumanía-Polonia.
Año: 2011.
Duración: 72 min.
Género: Documental de animación.
Reparto: Jamie Sives (narrador), Vlad Ivanov (Crulic).
Guión: Anca Damian.
Producción: Aparte Film y Fundacja Magellana.
Fotografía: Catalin Cristutiu.
Música: Piotr Dziubek
Dirección: Anca Damian.
Premios: Mejor película en el Festival de Annecy, Mención especial en el Festival de cine “Don Quixote” de Locarno.
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