Palabras de un pasado común ¿que pueden declinarse en futuro?

Grafonetika o un glosario no apto para radicales

Igual que el pez que nos mira con cara de por qué al final de “Water“, el cortometraje escrito por Daniel Nenchev, mientras el niño apura el vaso de agua, sabiendo que lo condena a la muerte, son muchos los que al viajar a los Balcanes se preguntan las razones de quienes pretenden exacerbar las diferencias más que agotar las posibilidades de comunicación, cuando lo importante es hacerse entender.

Para el turista con pocas posibilidades de invertir tiempo y dedicación al estudio de las lenguas el tránsito de una frontera a otra se hace estrujando las similitudes de vocabulario entre unas lenguas y otras y a veces el experimento resulta. Algo parecido debió mover al filólogo y periodista búlgaro a detenerse en lo que para los sufridos aprendices de supervivencia idiomática en tierras balcánicas era evidente para elaborar un listado de palabras comunes -salvando las grafías-, dispuestas en tablas de las que solamente tendrá que aprender una por acepción. Vocabulario de las semejanzas que, de acuerdo con los autores de la iniciativa, “son fundamentales y esenciales para el hombre”, algo que no es casual según aseguran.

Por darle una buena noticia más hay que añadir que la memorización no se le hará muy cuesta arriba, porque muchos de esos vocablos comunes de lenguas como el búlgaro, griego, turco, serbio, croata, albanés, macedonio, esloveno y rumano proceden básicamente del griego clásico, la lingua franca de antaño o del inglés, la de hoy en día. Así que a un hispanohablante no debiera costarle demasiado introducirse en la riqueza lingüística de los Balcanes partiendo de esta pequeña tabla de salvamento; las complejidades ya quedan para los centros educativos especializados.

Si quieres empezar las lecciones de iniciación, puedes echar un vistazo al siguiente archivo

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Pero fuera de la boutade -valga el galicismo- la propuesta artística de Nenchev contiene un mensaje positivo que apuesta por superar las barreras a través de la comprensión del otro, del acercamiento a su realidad, muchas veces más próxima a la nuestra de los que pensamos. Y catalogamos de artística su iniciativa, porque de hecho este periodista cultural de la cadena de televisión BNT 1 presentó su “Grafonetika” (Графонетика), que así se llama su instalación, en la Sofia Design Week -donde se reunieron artistas de Turquía, Croacia, Macedonia, Serbia, incluso nuestro Javier Mariscal-. Un neologismo éste de Grafonetika que pretende aunar las componendas que escritura y fonética apañan para ponérnoslo más fácil a los profanos en las lenguas del Este y que los asistentes han podido ver en la Betahaus de la capital búlgara. Detrás de la idea no crean que está simplemente una mente lúcida u ocurrente, pues el soporte de Grafonetika es el proyecto de investigación y el análisis lingüístico realizados por el profesor Valentin Geshev, profesor del Departamento de Lingüística eslava en la Universidad de Sofía “San Clemente de Ohrid” y que está trabajando en otros proyectos relacionados con la onomástica como la creación de una base de datos de los topónimos búlgaros. Sinceramente esperamos que la pintura de este grafitti para pedantes, esas doce palabras (democracia, moda, idea, estética, guitarra, vitamina…) que alguno le producirán un sarpullido de ultranacionalismo- no desaparezcan de la fachada, pese a que haya finalizado la muestra internacional del diseño y queden como testimonio de un arte que puede ser todo menos efímero.

Alicia González
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