Delante de un prado una vaca

morabito Trema la tierra y el poeta reconviene a los despiertos a simular su sigilo para no llamar a la desgracia -consigna que recuperará al final del libro para rematar la circularidad de este ir y venir de rumiante-, el mismo anuncia la herida de ese amor sin anillos ni juramentos. El poeta egipcio indaga en las cargas: el hijo que no fue -en varios arrepentimientos a medias con la mujer que tampoco se atrevió- y la culpa que avienta el insomnio.

Morábito el copernicano crea en ese universo en vela que apresura el día un libro de ausentes, el niño de la escuela que tal vez fuera él mismo con esa trashumancia de inmigrante temprano o las palabras borradas cuando ya los rezos infantiles exigieron creencia y el autor escoge purificar el aire a su manera, bendiciendo las puertas para clausurar la penumbra del bosque y consagrar el lento roer del mar al paisaje desalmado del faro.

Fabio Morábito enlaza, hermana un poema con otro, leyendo los labios de la puta por donde entra la mosca a buscar comida o los nombres de las cosas, escritos en el orden agreste de sus ramas. Con él nos asomamos a la muerte del abuelo, a la espalda del padre, una con afán didáctico, el de la enseñanza de la atrevida inocencia y con otra al afecto callado, a deshora, segundón, redescubierto. Pero también al abismo franciscano del de Asís con su pavoroso despojamiento.

Más adelante el poeta mexicano de adopción, se volverá aéreo para rendir tributo al bombero licuado o a todos los durmientes a los que el solitario despierta en su vigilia, para quizá obligar a alguno a emplear la tercera oreja que nos revela, la del corazón, la única que no se demuestra sorda en última instancia.

Imaginamos al autor alejandrino introspectivo ante la ventana nocturna iluminada, engarzando todas estas reflexiones en torno a los espectros del regreso, los albinos luminosos en la selva, pensamientos con los que abrir el segundo estómago del ser humano, plasmado en una poesía desnuda, sin aderezos, expresada en las metáforas de la rutina y su fauna y flora exquisitas que hacen innecesarias las estridencias de una retórica ininteligible.

Alicia González

Delante de un prado una vaca

Fabio Morábito

Visor. Madrid, 2013

140 páginas

20,90 €

 

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