El hombre aproximado

tzaraPara empezar cabe decir que quien se enfrente a este libro buscando un divertimento yerra en el tiro: por lo pronto se las verá con una puntuación imposible y una complejidad lingüística y conceptual que provocan que el poeta editado por Fourcade arrastra al lector con una torrentera de palabras en las que uno puede quedar sepultado sino es capaz de separar las aguas. Al hacerlo, comienzan a aparecer las rieras que encauzan la ilación textual de Tristán Tzara.

No hay muerte y sin embargo Tzara asegura que doblan las campanas: ¡demasiado recientes están las bajas sinnúmero de la Gran Guerra para que el del Cabaret Voltaire se abstrajera tanto! El poeta lleva una muda de preocupaciones, adheridas al cuerpo en esa ciudad hostil donde solamente cabe inmolarse, pues aunque camina solo no se concibe sino unido a la cadena del nosotros. Tristán Tzara clama contra el abismo de la exaltación que escupe plomo, contra el entusiasmo que ya se otea en el horizonte y que no ha escarmentado en esa época de deudas bélicas, a pesar de que todos, él el primero, sabe que se saldarán con sufrimiento.

El poeta se vacía persiguiendo ese misterio, olvidado, de la libertad. Más allá de su verso profético, el rumano llama a la conciencia de ese hombre que ha desterrado la poesía al fondo de su cabeza en medio de un entorno que le aboca a la prisa y la impaciencia y le ha metamorfoseado en mercancía social y loro de repetición de las ideas de otros, por delirantes que sean esas águilas blasonadas que amenazan de nuevo con sangre.

El dadaísta juega con la imagen, pero lejos de transformar en criptograma el poema, hay mucho de cordura en su ensoñación, explicitada como un vómito incansable de palabras. Así tenemos ese “alambique de mentiras” o la injuria que “decapita al gamo del sacro juramento”, con claras alusiones a esa paz amenazada “en el mapa del pasado”. Aunque también queda sitio para el Tzara tierno, el padre que arrulla a su hijo con su canto con palabras cargadas de magia y sonoridad, en ese himno del nómada salvado por la página -el propio autor-, entendida como develación del secreto. Un torbellino ilusorio, creado por la masa, mientras los tobillos de ese ser angélico aúllan -¿ven a Ginsberg? No tengan miedo, el mundo como irracional precipicio que describe Tzara siempre incluye esos “milagros cotidianos” como ese hermoso “dobladillo de sol” bajo el que calentarse después de tanta desmesura agitada.

Alicia González

El hombre aproximado

Tristán Tzara

Cátedra. Madrid, 2014

318 páginas

15,70 €

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