El ruido de la savia

savia La gramática de Pedro Antonio González Moreno es la del frío y la sed y su escritura, la de las horas y el ruido de la savia -ahora brotando por el cuerpo roto de la madre desmemoriada-, por más que su heredad sea la de la palabra virgen, libérrima de significados. El poeta recoge el hato de surcos y sueños de sembradío de los suyos para construir con la solidez del padre los andamios del verso y vencer el miedo sin prisa.

El Premio Nacional de Poesía José Hierro en su XXIV edición, convocado por el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, escribe de la bravura de unos hombres, su gente, ricos de cansancio, derrotas y desamparo que él, heredero de la raíz seca de la higuera talada glosa en recuerdo de la sombra heráldica. González Moreno vacía de humo la palabra como el picón que le enseñara hacer el padre y atesora hebras de luz en el patio de la infancia, poblado de nombres que escapaban al concepto, a la mirada del niño. Ya de adulto, sabrá el autor que el poema es a la vez piel envejecida y atemporal signo que no responde a la iluminación, sino a la busca del elemento quintoesenciado, canción inaudible que nos traspasa y acumula todo ese rumor de patios, justo en el borde exacto de la herida.

Alicia González

El ruido de la savia

Pedro A. González Moreno

Universidad Popular. San Sebastián de los Reyes, Madrid, 2013

80 páginas

13 €

Anuncios