“La poesía es un artefacto inútil lleno de posibilidades”

Imagen del blog de la Fundación Loewe

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No escucha mi mensaje porque estaba en pilates, algo que casi destruye el estereotipo del malditismo poético, del artista bohemio. Falsa alarma, no hay afán de lucimiento, sino mera rehabilitación. Sí, los poetas premiados -Antonio Lucas acaba de recibir el Loewe de poesía en su XXVI edición- también se lesionan, quizá el éxito es perjudicial para la salud.

“El Loewe cubre todas las expectativas, las ilusiones, las ambiciones”

Entrevista a Antonio Lucas, ganador del XXVI premio Loewe

Alicia González

Asegura que “el personaje de sus poemas es un tipo herido, con el ala rota, pero que el tipo con el ala rota también vuela”. Las suyas a Antonio Lucas se las dio Víctor García de la Concha al comunicarle la concesión del premio Loewe por “Los desengaños”, llamada que recibió sobrecogido y rodeado de periodistas culturales, aunque con el disimulo de quien habla con su madre. Un reconocimiento al periodista que hizo verter alabanzas al mismísimo Raúl del Pozo: “los amigos escriben a veces cosas tan hermosas e hiperbólicas que cuando uno aparece en el ruedo sólo puedes defraudar. Tienes que pensar que eso está escrito desde la temperatura de la amistad y no creértelo demasiado, porque la vanagloria en este mundo es muy fácil y luego el peaje es muy alto”.

Traicionarse o no… Uno de los poemas del libro nos lleva a ese dilema: “Imagino que uno se traiciona con bastante frecuencia, es inevitable. De las que uno se hace a sí mismo también aprende, pero uno intenta mantenerse en esos códigos éticos y estéticos tanto en la vida como ciudadano como en la literatura. El hombre al fin y al cabo es mitad miseria y mitad maravilla y que la balanza se mantenga siempre inclinada de la parte mejor es la gran batalla. La poesía ayuda también a eso, es una escuela de tolerancia y en ese sentido es necesaria en un mundo tan cainita y tan mediocre”.

Lejos de desplegar velas en la poesía, cree que ésta le “amarra mucho al mundo. Es una gran toma de tierra, incluso los poemas abstractos, más herméticos tienen siempre un pálpito de vida si son buenos”. Dos direcciones del “nosotros” articulan su libro, la de la ruptura de una relación, “ese nosotros que fracasa y que se hunde, y la del colectivo, de los ciudadanos, de un tipo, yo, que tiene un enorme desafecto contra este presente y el lugar al que nos han llevado o al que nos hemos dejado llevar. Hay una política del amor y una política del ciudadano, aunque no es un libro político”.

No entiende la vida sin la poesía. “Ya no es un problema tanto de escribir como de leer. No soy capaz de descifrar el mundo bien si no tengo cerca el calambre de la poesía. Es una forma de encontrar las claves de tu propia existencia, una gran brújula”. Sus nortes estéticos se cifran en nombres como Caballero Bonald, Pablo García Baena o Claudio Rodríguez, “uno de los faros de costa de la poesía española del último medio siglo, uno de los autores más profundos y visionarios”.

Torero -no habiendo quinto malo, ése es el número que hace este libro- y saxofonista de jazz fallido, Lucas apaciguó con el periodismo de resistencia aquellos sueños, creando “columnas con una cierta vocación de hacer literatura, a pesar de que hable de temas políticos o de actualidad, porque uno también tiene que hacerse una voz”. La suya brota así: “quizá a mí me gustaría tener otra. Soy entusiasta de poetas completamente opuestos a mi registro idiomático, pero eso me complementa mucho. Tengo una temperatura más barroca en el juego con las imágenes que sale de una forma más o menos natural, luego hay un trabajo fuerte de despojamiento. No creo en esos poemas de la espontaneidad absoluta; se requiere cierto reposo para ver algún hallazgo que puede perderse en un maremágnum de palabras”.

Descarta ser un adiestrador de vocablos, “es más interesante dejarte seducir por ellas. La poesía te permite juntar dos palabras que en la vida podrías pensar que pudiesen figurar juntas y generar a partir de ahí una imagen extraordinaria. Tienes que ser tú el buen salvaje quien te dejes descolgar por las palabras con total delirio, manejando un poco el lugar adonde quieres llegar, con cierta inconsciencia a veces”. Sin embargo, en su visión de la poesía no hay lugar para el esoterismo: “No creo en la poesía como terapia, porque sería tanto como compararla con un hobby y no lo es, es una forma de estar en el mundo. Me interesa más la poesía como exorcismo, ese lugar donde uno cifra sus demonios, sus entusiasmos, sus miedos, sus desconciertos y su desamparo, donde uno dice lo que no dice en la vida cotidiana, el espacio donde uno va hurgando, como decía san Juan de la Cruz, por las profundas cavernas del sentido, y buscando respuestas. Ese huronear por la propia escritura, de hacer espeleología por dentro de ti es la poesía. Es un artefacto inútil lleno de posibilidades, inútil como lo es la belleza también a veces, pero lleno de surcos por los que uno sigue haciendo camino”.

Le proponemos a este admirador de Rimbaud y de los sonidos de los pájaros que quedan cuando el bosque oscurece si “Plaçe du Forum” es una buena vía de acceso a “Los desengaños”, pero nos sugiere otros dos poemas “quizá más cercanos: “Ante el mar”, una experiencia que pueda ser muy compartida por lectores que no se hayan acercado mucho a la poesía, pero puedan sentir la emoción de un hombre mirando al mar, de espaldas al mundo y el que cierra el libro, “Fuera de sitio” que empieza diciendo “Imagina que el tiempo es sólo lo que amas”, porque probablemente todos hemos imaginado la vida como no lo es ahora, con más justicia social, más equilibrios, más solidaria, con más y mejor cultura, diálogo y debate”.

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