Siete caminos para Beatriz

sieteEl ángel de los timbres guía en la noche al poeta, que se interna en la selva donde reina Beatriz, la cierva blanca. Ernesto Pérez Zúñiga construye un poemario que suena a baile a solas y a amor urbanita, de callejones secretos para encontrar a la amada a la que sabe que perderá como si de un Orfeo pesimista se tratara, persiguiéndola por Infierno, Purgatorio y Paraíso.

Ante la cancela de Cerbero y la barca de Caronte el autor rinde homenaje al relato de Dante y la mirada en el agua negra de la Estigia -lugar en el que se confunden los mensajes electrónicos de los replicantes rebeldes de “Blade Runner”, que se resisten a morir- o en el rojo batín chino de la concubina. La moneda de los muertos y el olvido golpea la mesa para el hombre ciego, filósofo que enfoca sus prismáticos hacia las llamaradas, porque ante el vacío sólo queda el temor de asomarse a verlo para dejarse arrastrar por su placidez.

Beatriz, la que abre el bosque, arroja luz al infierno propio,  mientras los gallos rasgan la noche tokiota y ella se adueña del tiempo. El grito de existir busca su reflejo en los rascacielos siguiendo al cuervo de Poe por las desalmadas ciudades insomnes en las que Dante hace turismo.

Alicia González

Siete caminos para Beatriz

Ernesto Pérez Zúñiga

Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2014

128 páginas

11,90 €

 

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