El síndrome de Rebeca

el-sindrome-de-rebeca.jpg Carmen Posadas abre las puertas de una cripta y con ellas las de un silencio, el que se cierne sobre los afectados por el síndrome de Rebeca. La escritora será la que se encargue de orear las sábanas de esas relaciones difuntas que dejaron como en la Sindone un rastro indeleble. Porque están los que siguen persiguiendo el fantasma de lo que perdieron, por terrible que fuera, los que intentan huir del error cambiando de prototipo amatorio y los que padecen el ajuar de otro que suele ser su pareja, gracias a lo cual se sienten meros suplantadores de esa relación perfecta que se rompió.

Cual detective privado la autora analiza los fragmentos del crimen –que llevaron a la sofocación a ese amor que hoy echamos o echan de menos-, jugando con el lector a avanzar y detenerse en la lectura, cumplimentando formularios según su participación en el incidente para verificar su grado de afectación por la patología.

La misión de este manual cazafantasmas es delimitar y quizá poner coto a ese ser proteico que aucmula recuerdos, miedos y alegrías como para pertrechar a una legión, lo que dificulta sobremanera plantarle cara, pues se parapeta en la culpa para escapar del fracaso que en definitiva imprime carácter. Siempre la desgracia se nota en las escarificaciones que deja…

Un volumen destinado a los socios del Hamlet Club, sean posesivos, esperanzados o platónicos, pero siempre devotos de la maligna Rebeca que les hace olvidar esa rutina que padecieron con ella, elaborando en la meliflua distancia un pastel de dulce nostalgia que la escritora nos da a probar para, en la cata, percibir el acre sabor de lo que no debiera ser más que pasado. Lo que pasa es que da tanta pena encender la tea y ver arder Manderley que preferimos diferir la quema y continuar enredados en el preciosismo de sus estancias por carcelarias que se vuelvan al impedirnos redecorar nuestra vida.

En esa tarea de deshacerse del equipaje para emprender nuevos caminos Carmen Posadas previene a los lectores contra la ritualización, el fetichismo o la intervención de personas que actúan a modo de médiums con la intención de paralizar nuestra decisión de iluminar la fosa séptica de lo ya extinto que en la confusión al afectado le huele a rosas. Aquellas rosas muertas, claro está, cantadas en el tango y añoradas seguramente por el aroma a juventud perdida, porque de viejos toda frescura en la pasión es impostada.

Alicia González

El síndrome de Rebeca

Carmen Posadas

Planeta. Barcelona, 2014

160 páginas

15,20 €