El erotismo está en todas partes y, sobre todo, en una región indecisa del cerebro que se incendia de golpe

 

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Entrevista con Antón Castro, autor de “Seducción”

 

– Éste es un libro de eventos amorosos cargados de una preciosa rutina, a veces de café, otras bricoladora…

-El amor está en todas partes: en las citas de café, en los paseos, en la vida cotidiana, en las renuncias. El enamorado a veces acepta lo que no le gusta demasiado por amor a su pareja, si a ella le atrae. En el libro hay como una pequeña ópera, una exaltación de los amores reales y soñados, una colección de amores ajenos, particularmente intensos, y un caudal último de homenajes.

– ¿El poeta es el que sabe escuchar el canto de las sirenas bajo la lluvia?

El poeta oye voces, los latidos del silencio, el canto de las sirenas. Y cuando no oye nada, imagina que todo está ahí, con su música, con su presencia, con su temblor de fuego y seda. Lo invisible, como decía Saint-Exúpery, es invisible a los ojos, pero no a la imaginación.

– Hay algún poema antiguo de sombras y palabras como esos que titulas “Amor de madre”…

No sé si con ese título, pero las madres están en todas partes y en todos los tiempos: en Ovidio, en Homero. Con su ternura, con sus palabras de luz y melancolía, con su silencio inquietante. He leído mucha poesía y prosa inolvidable dedicada a la madre.

– Muchos textos saben a homenaje a la mujer con la minúscula que da el detalle con que pintas…

Hay homenajes a la mujer, a las mujeres, a algunos sueños: esa joven que huye a caballo, Debra Winger, la gran actriz, esa muchacha a la que nunca me he dirigido y que perdí el sueño por ella durante dos cursos completos, como si yo fuera un abatido personaje de Miguel Torga. La mujer posee una sensibilidad especial, una conexión con el misterio y con la poesía más esencial. Y eso se ve, por ejemplo, en el texto dedicado a la pintora Gema Noguera.

– Son versos de una carnalidad opulenta, de buscas furtivas en fotos que nunca desvelarán un amor…

La fotografía es fundamental en mi vida. Y la belleza de algunas mujeres porque activan la ficción. La carnalidad es la puerta del deseo y había instantes en el que el deseo no dejaba dormir. La fotografía es uno de los elementos del libro.

– Nos dejas mirar por ojos de cerradura o de objetivo de cámara esos encuentros húmedos de sexo, pero sobre todo de caricias y soledades aparte…

Más que mirar, imagino cómo puede ser el amor de algunas parejas que yo he entrevisto como ideales. En realidad, una forma de la autobiografía es disfrazarte de otro para amar y para sentir como él. Y aquí sucede alguna vez: con Ferdinando Scianna, con José Ángel Valente, con Julio Antonio Gómez. El erotismo está en todas partes y, sobre todo, en una región indecisa del cerebro que se incendia de golpe.

– También el lector descubre al niño que temía al viento…

El viento me marcó la vida. El viento y sus acordeones. El viento que va y viene desde el mar. Y con el viento, venía también el miedo. La infancia de los niños gallegos estaba dominada por el miedo, por presencias turbadoras, por los aparecidos que regresaban con la lluvia…

– El poema se completa con esos retratos de relaciones extraviadas que cuentan el crimen del tiempo.

Esos retratos son homenajes a gentes importantes en mi vida, gente cuya vida ha estado marcada por la pasión. Pasión por la vida, por el conocimiento, por el viaje, por el sueño, pasión por la invención.

– Menciona a Tchaikovsky en ese encerrarse para abrirse derrotado a la imaginación; “Seducción” es un volumen muy musical.

La música está muy viva y muy presente. ‘Seducción’ tiene algo de arsenal de las emociones y de la memoria, de trampantojo (lo que pudo haber sido y no fue y anda todavía desordenándome el corazón y la memoria), de recuperación, de delirio de amores imposibles o imaginados. Ese poema es uno de mis favoritos: describe una experiencia iniciática; el joven que salió de aquella audición era otro. Había crecido de golpe en sensibilidad, en emoción, en aventura.

 

Alicia González

 

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