La lluvia del tiempo

Resultado de imagen de la lluvia del tiempo Si les gustan los acrósticos, con las iniciales de los personajes de la novela de Jaime Bayly pueden pasar un buen rato buscando coincidencias en la actualidad de las presidenciales peruanas del año 2000. Alcides Tudela, el cholo lustrabotas de Chimbote, combatiente por la democracia va creciendo ante nuestros ojos a medida que avanza la novela; creciendo en matices que no en prestancia y autoridad, porque de ser la esperanza del país, el hombre sin tacha, garante del cambio ético frente a la chucha seca de Lola Figari, va evolucionando al pobre hombre que rompió con el atraso moral del tercer mundo y sus padres en su ascenso por la pirámide social. Aquí lo encontramos asediado por sus propios monstruos, en este caso una hija ilegítima a la que se niega a reconocer, pese al más que evidente parecido físico. Soraya es precisamente la adolescente, ¿sin rencor al padre?, envalentonada en su papel de detectora de debilidades y cobardías, hija de la Monja Loca, Lourdes Osorio, desvirgada por sor Lupe de la Cruz y piurana pacata a la que le pierde el olor de la plata que le permitiría llevar la vida muelle que se merece a sus ojos.

Quien recibe la llamada de la perdición será Juan Balaguer, un periodista independiente de Miraflores, un niño bien, espectador de las matinés del Colina, que dejó los estudios de leyes por conseguir en la tele ese mismo  aplauso que recibió de pequeño y al que su familia intentó convencer de que no siguiera en su camino por la popularidad televisiva, medio vulgar como bien es sabido para la gente realmente bien.

Gustavo Parker, su jefe, es el desalmado jefe de Canal 5, que no entiende de parentescos ni de educación rebuscándose inmundicias en la nariz, del mismo modo que se monta a la opinión pública, su puta. Su poder infinito y falta de decoro con el que maneja hasta las carcajadas de sus interlocutores y deja envejecer las deudas hasta que venzan, lo lleva a querer comprar el silencio de Balaguer a cambio de una canonjía, leáse embajada en Madrid.

Balaguer en su recién descubierta condición de simple empleado quiere detonar controladamente la bomba política que va a estallar de todos modos. Como siempre, no hay detonación sin onda expansiva y el presentador de Panorama, abstemio para evitar blanduras, tendrá que vérselas con los inconvenientes de no haber salido del clóset. Quizá entre sus miedos esté el de seguir los pasos del humorista caído, literalmente en desgracia, pasto de su propia fama, Johnny Legario, en un medio que no perdona un tropiezo.

Alicia González

La lluvia del tiempo

Jaime Bayly

Alfaguara. Madrid, 2014

408 páginas

18,50 €