Mi patria A4

blandiana.jpg Acariciar ángeles sin asustarlos debe ser difícil cuando uno no cree en ellos, porque quien debía cuidar de nosotros es el máximo homicida. Ana Blandiana quiere separarse de esa observación cómplice con el crimen, aun a sabiendas de que ha compartido mesa y mantel con los cazadores. Los suyos son versos de un tiempo detenido en clepsidras atoradas que ejemplifican el inmovilismo y la ruta a la muerte de todos, hasta de quienes, fascinadas por un breve vuelo, la experiencia de la libertad, olvidan que van a morir.

La preocupación por el tránsito al no ser y por amenazas en la sombra, nos hablan de la mujer necesitada de respuestas a esa huida que quiere emprender sola, sin sentirse apresada por salvaciones en la que no confía o por “jerarquías invisibles” dentro de la comunidad, infiltrados en el colectivo humano, que a veces nos impiden ver que la primavera, la esperanza de un tiempo mejor, siempre regresa.

El morador de una mansión ya clausurada, la iglesia, ya no está, pero no es necesario para recobrar el aliento basta con acudir a la naturaleza, liberadora del miedo y sanadora de las heridas, salvo cuando la libertad agotada se deja sustituir por esos mecanismos que atraviesan las sombras de la realidad, confeccionada a medida de una estupidez suicida que ha tomado el poder.

Blandiana es la voz entre las aglomeraciones silenciosas y solas donde se ocultan “alimañas y miserables” que, sin embargo, no alcanzan esa “cripta luminosa de palabras”, refugio de la escritora. Consciente de su misión –disolver las leyes del odio- la escritora rumana sabe que no puede detenerse, aunque a veces le tiente el roce de una frontera a la que irá con su dolor privatizado.

Pero como a alguien hay que pedir explicaciones, Blandiana se rebela implacable contra ese dios que erró las proyecciones de cuántos concluiríamos siendo víctimas y verdugos y se desentiende de ese futuro impregnado de limo en el que Ana resbala cuando la calle es en sí misma un peligro, tal vez gracias a ese “personaje transparente” que te escarba la piel con sus garras, pronto a extinguirse en su poltrona.

Alicia González

Mi patria A4

Ana Blandiana

Pre-textos. Valencia, 2014

192 páginas

16 €

 

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