Álbum de Venus. Arte de putear

putear ¿A que cuando leyó “El sí de las niñas” llegó a la conclusión de que España estaba llena de mojigatos? Puede que Leandro lo fuera, aunque abogara por la libre elección en el matrimonio en los esponsales, pero el crápula de su padre por lo que hemos leído en “Arte de putear” ni mucho menos. Libros para disolutos que conducirán al previsible desdecimiento de quien se atreva a darlos a la imprenta.

La mayor delectación de uno de los autores dice ser humedecer el ídolo de la felicidad de sus hermosas oyentes, a quienes dedica los versos. Placer sin freno de referencias mitológicas en orgiásticas juergas donde se canta al vino derramado que riega el rechinar del lecho y las féminas se aprestan a subirse la ropa en el lienzo revolcado.

El poemario no ahorra imágenes salaces de meneos que hinchan miembros y lenguas espumosas y explícita terminología –empujar, taladrar, reventar…- que manejan estos vates del amor, descarados con Dios , pero agradecidos a sus putas complacientes, más satisfactorias para el enamorado que las castas amadas que pretenden aplacar el ansia de joder con besos.

No crean que no por ser de fácil trato carnal estas hembras cachondas son despreciadas, al contrario, son comparadas con la diosa Venus, promiscua maestra de todas ellas. Algunas rimas más sutiles recuerdan a aquel Decamerón donde se encerraba al diablo en el infierno, en alusión al lugar donde Pablo sepulta su fogosidad en el primer escarceo con una Martina reacia al principio.

Aquí no hay 50 sombras que valgan ni cuartos para esclavas sexuales, sino sexo gozoso de hombres bien dotados –o eso pregonan ellos- y orgullosos de sus miembros, pero al tiempo pendientes de que su pareja se escurra de gozo en la cama, si bien en algún momento descubramos un sesgo de machismo en ese “ansia coñicida”.

Esas puertas cerradas que nos comentan no consiguen tapar los chillidos del regocijo lascivo en el momento de los azotillos, ni la preocupación social –esta vez no es broma-  de quien se sabe sobre sí la amenaza del mal gálico, una infección de transmisión sexual con la que lidian los puteros. Amigos de las licencias que ofrece la naturaleza como bien apunta el libro ha habido a lo largo de la historia, pese a que la pacatería oficial –aun siendo un sacerdote el inventor del condón, según se relata- nos haya silenciado esa alegre fornicación de ilustres cortesanas.

Alicia González

Álbum de Venus. Arte de putear

VV.

Visor. Madrid, 2014

216 páginas

14 €