Volver a entusiasmarse con el cuento europeo

p1200521Moldavia oscila entre olvidar el pasado y encarar un futuro que pasa por las exigencias de Europa o seguir abrazados a la gran Rusia que asfixia a sus oseznos maternalmente. Las recientes elecciones dibujan un panorama continuista en el Parlamento, abocado a reeditar una coalición múltiple de corte proeuropeo que necesitará convencer a la ciudadanía de que tanto esfuerzo tendrá su recompensa.

El diputado Tulea no se quedará a todo el Fórum de las Organizaciones Municipales de Chișinău del PDM y eso que las alocuciones concluyen con un concierto en directo del grupo Holograf. Las masas enardecidas corean las canciones de rock fácil de esta banda de maduritos, entusiasmadas por el sabor de una victoria que no se producirá. A pesar del centro de flores que preside el acto electoral -imagino que impar, porque un número par de flores sólo se reserva para los muertos-. Prometen modernidad, mantener los valores de familia y la tradición, aumentar empleos y salarios y el retorno de los emigrados que tanto duelen. Ofrecen candidatos profesionales para garantizar la  estabilidad.

Su coche le espera para seguir camino al próximo mitin. La campaña electoral en Moldavia está siendo dura y no hay tiempo para relajarse. Tulea lo sabe: en los últimos días se ha frotado las manos de frío con esa sobriedad de político en pueblecitos de Orhei para trasladar su mensaje a los vecinos, ante auditorios de apenas una quincena de paisanos, tan congelados como él en la Casa Popular de Clisova donde no se enciende la calefacción para eventos como éste. Los vecinos le recuerdan las necesidades: las infraestructuras, los peligros -el olvido tras las elecciones-, mientras Tulea incide en las ventajas del europeísmo: la inversión, la seguridad. Oleg es un convencido de que el futuro de su país está en mirar al Oeste, al gran hermano de la Unión Europea, tanto es así que su hija mayor se llama como una de las nueve musas del Parnaso, Calliope. Eso no se lo dirá a los que le escuchan, pero sí que su partido, el PDM, quiere una Moldavia independiente distante de los experimentos de quienes quieren volver al regazo de Rumanía (salvo las minorías de ucranianos, rusos, gagauz o búlgaros), o buscan el abrazo de oso de Rusia (que bien querrían recuperar los agricultores e industriales que tenían en Moscú y sus satélites sus mercados “naturales”).

2014-11-19-11-06-01La charla concluye con un cerrado aplauso. A su salida, un grupo de patos ahuecan sus plumas amarillentas juntando los cuerpos unos con otros para darse calor en el riguroso invierno moldavo. Los activistas socialistas europeos venidos de Austria, Alemania y España dan testimonio a los vecinos de la cercanía de la UE. Son la imagen de modernidad que necesita el PDM. El vicepresidente del partido, Tulea, con su atuendo sobrio y su impecable corte de pelo podría pasar sin problemas por ciudadano de cualquier país europeo, a pesar de que el suyo sea el más pobre de Europa y su nombre traiga injustamente siempre aparejados tópicos como violencia, criminalidad y corrupción. Como diputado electo seguramente podría obviar algunas tareas ingratas: visitar residencias para personas mayores o familias en situación de exclusión, colegios, centros de producción, pero el de Căușeni no se arredra; pertenece a ese perfil de líderes que desde jóvenes deciden intervenir en política y conoce las exigencias del cargo. Después de la intervención en la Casa del Pueblo Tulea y el asistente de Marian Lupu, Igor Batog, encargado de atender en todo momento a los activistas PES, se dirigirán a una escuela del municipio para oír de primera mano las reclamaciones de la comunidad escolar en el Gimnaziul Dimitrie Cantemir. Los activistas encontrarán una Moldavia mucho más primaria aún, con encerados que ya sólo podrían localizar en los museos de sus países de origen, un trozo de pan sobre la mesa de uno de los alumnos que debió olvidar al salir de clase y dibujos de las figuras históricas Constantin Brâncoveanu, Vasile Lupu, Dimitrie Cantemir, Constantin Mavrocordat, Petru Rareș, Mihai Viteazul, por todo el perímetro del aula para que los chiquillos aprendan gráficamente quiénes son y de dónde vienen. Hoy tocaba la Paz de Karlowitz, aquella que redibujó el mapa de los Balcanes.

Preservar la soberanía: la tentación del anexionismo

Ahora el que corre peligro es el de Moldavia. Más allá de las clásicas tensiones en Transnitria, Gagauzia se unía el pasado mes de febrero a la moda de los referenda independentistas ilegales para proclamar su deseo de sumarse a la Unión Aduanera liderada por Moscú. Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel y otros líderes occidentales han advertido del intento del Kremlin de restaurar su esfera de influencia entre sus otrora aliados utilizando medidas de presión económicas y militares. Una política de “Novorossiya” ya desplegada en Ucrania que alguno pudo recordar al oír los acordes de “La Danza de los Caballeros” de Prokofiev en el Ballet y Ópera Nacional de Chișinău.

Tras los resultados del 30 de noviembre, las formaciones europeístas (Partido Liberal Demócrata, 20,16%, Partido Demócrata, 15,8% y Partido Liberal, 9,67%) anunciaban su intención de reeditar la coalición de gobierno que sellara en 2009 el Acuerdo de Asociación con la UE. A la vista de ello, los socialistas moldavos (PS) que han conseguido hacerse con un 22,29% de los votos, acaban de anunciar su intención de impugnar los resultados ante el Tribunal Constitucional por lo que consideran “graves irregularidades” como las trabas impuestas para impedir el voto de más de 700.000 nacionales actualmente en tierras rusas, frente a los 90 colegios electorales abiertos en la UE y EEUU para 200.000 personas, según informó el PS a agencias rusas.

¿Un país arrasado?

2014-11-22-12-35-40Unos y otros deberán unir fuerzas como si estuvieran soldados por la polenta nacional, la Mamaliga, para combatir la pobreza en un país de algo más de 3,5 millones de habitantes que sufre aún las consecuencias de la transición a la economía de mercado, como la riqueza per cápita que se ha visto demediada en la última década.

En su visita a la escuela al activista alemán le puede la sinceridad al comparar Moldavia con la Alemania arrasada que dejó la Segunda Guerra Mundial. No es fácil resistirse a la analogía: las calles de Chișinău muestran un paisaje que combina la modernidad con el atraso de un país donde las calles principales se siguen barriendo con escobas de paja y Moldavia construye su historia casi a partir del anecdotario de otros: Tan reciente es su independencia que el Stefan cel Mare, parque musical en el centro de la ciudad, tiene una avenida de esculturas a personajes ilustres en granito rojo, en su mayoría literatos rumanos y algún político nacional, aparte del siempre presente Pushkin, figura reivindicada como propia por su exilio en Moldavia durante tres años. No obstante, las únicas flores a pie de pedestal son para Grigore Vieru, una especie de Gloria Fuertes moldavo candidato al Nobel. Un poco más allá reposa el mastodóntico bar de los años gloriosos, abandonado a su suerte, varado en la misma incertidumbre que aqueja al país: olvidar el pasado y encarar un futuro que pase por las exigencias de Europa o seguir abrazados a la gran Rusia que asfixia a sus oseznos maternalmente.

Porque Moldavia sigue siendo más reconocida por quienes han pasado por sus tierras que por méritos propios: Las bodegas de Cricova, siendo unas de las más extensas del mundo, toda una ciudad de barricas y semáforos subterránea, son famosas por almacenar el Mosela de Göering que no se bebieron los rusos tras el fin de la guerra o por las jornadas que pasó Gagarin a su regreso del espacio. Igualmente la fábrica Bihoré trabaja para otros: rara vez coloca el sello Made in Moldova. Sus zapatos son encargos de firmas alemanas, italianas, rumanas que ponen su etiquetado a la entrega del producto, de manera que la industria del diseño no está muy desarrollada. Los hombres, pero sobre todo mujeres que trabajan en Bihoré, 450 en la misma línea de producción, trabajan en un solo turno horario de ocho horas, comenzando a las ocho de la mañana, por un salario de unos 300 euros, algo menos de lo que cuesta una estancia de cinco días en el hotel donde recientemente se alojaba la delegación ucraniana de visita en el país y algo escueto para el coste de la vida: Un café en un puestecillo en la calle más populosa de la ciudad cuesta unos 10 lei (50 céntimos de euro).

Mucha gente joven y muchas mujeres en la planta, “porque  ellas son mejores haciendo este tipo de producto” nos comentan los responsables. De los años de la protección social al obrero quedan secuelas como un ascenso profesional igualitario o la baja por maternidad de tres años de duración como máximo, tras la que la madre puede solicitar la reincorporación a su puesto de trabajo en las mismas condiciones. 35 mujeres están ahora mismo en esa situación. Quizá la incorporación a Europa pase por alto el cuidado a la natalidad a cambio de un visado a ninguna parte, dada la precariedad económica.

2014-11-20-12-17-24El tren del que hablaba el primer ministro Iurie Leanca, el de Europa, está en marcha, aunque como matizó la senda no ha llegado a un punto de no retorno, por lo que todo incentivo de sus futuros aliados es bienvenido. El pasado día 17 de enero el Bundestag daba luz verde al Acuerdo de Asociación de Moldavia firmado el 27 de junio de 2014 que es la llave para su entrada en la UE, sumándose así a la ratificación de países como Rumanía, Letonia, Malta, Estonia, Lituania, Bulgaria, Eslovaquia, Hungría, Suecia, Croacia, Polonia y Dinamarca. Los gestos de buena vecindad no dejan de sucederse: Rumanía anunciaba su compromiso de aportar cinco millones más de euros para modernizar las guarderías moldavas que vendrían a sumarse a los 20 ya ofrecidos para las instituciones educativas. Y el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) han mostrado su disposición de seguir apoyando las PYMES de Moldavia a través de programas de ayudas a la producción y el comercio.

En su visita a la Casa Nadejda, centro social de Nisporeni, apenas un barracón prefabricado, los activistas reciben una calurosa bienvenida envueltos por el olor a la sopa que a no mucho tardar saldrá de la cocina para los acogidos. Allí han llegado los euros del maná austríaco con los que se levantó el edificio que alberga personas excluidas, principalmente mayores y madres en situación de necesidad con niños. Poco antes Oleg Tulea no les ahorra a los voluntarios la parada en otro asilo para indigentes: cada voto es imprescindible y la directora del centro es de las que bordan en lana la bandera del partido, que convive en buena armonía con el tapiz hecho a mano por una anciana a partir de un icono de la virgen con el niño en brazos.

El presidente de la República Nicolae Timofti ha iniciado ya las consultas previas para la elección del que será primer ministro del país. La puerta 508, tras la que se realizan las sesiones entre las coaliciones en el Parlamento, previsiblemente tendrá mucho que callar. Las reuniones entre los líderes de los tres partidos que se han hecho con 55 de los 101 escaños del Parlamento, Marian Lupu, Vlad Filat y Mihai Ghimpu, pertenecientes al Partido Demócrata, Partido Liberal Democrático y Partido Liberal, respectivamente, quienes anticiparon a los medios que esperan alcanzar el acuerdo en breve han sido infructuosas. Ahora el PLDM abre la mesa de negociaciones a los comunistas. Parece que no hay marcha atrás al frágil gobierno proeuropeo, pese al descontento de los moldavos con algunos efectos indeseados de las reformas. Ganas de integrarse no faltan, sólo hay que ver el mosaico con la bandera azul de las doce estrellas en el Parque central capitalino, pero la crisis de la UE ha empezado a notarse en las exportaciones. Las reformas por cuanto dolorosas, no siempre son bien recibidas: remodelar la administración pública, eliminar una corrupción enquistada, transformar una justicia poco de fiar para el ciudadano y promover un respeto a las libertades y derechos de las minorías. La equiparación de los homosexuales en materias como adopción o matrimonio está aún lejos de ser un hecho aceptado incluso por los más progresistas, y mucho menos es una realidad normalizada en el día a día de la calle. Tal vez sí que lo esté para los estudiantes de  la ULIM, Universidad Internacional Libre de Moldavia, cuyo edificio central preside una pantalla plana que exhibe con total abulia un video más que sugerente de Marta Savic, bajo el rótulo de “Erótica” y dispone de un  habitáculo en penumbra e hilo musical a modo de sala de espera, justo enfrente de la vitrina de trofeos que descansa al pie de la escalera. Todo es así de espontáneo y contradictorio en Moldavia.

Tulea seguirá en el Congreso.

Alicia González

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