Jade puro

qingzhao  Una niña, apenas en calcetines muerde la ciruela verde del primer amor, pese a concertado, próspero. La pereza de la infancia la abandona en una primavera que se acompasa con el brotar de esa flor con la que la amada quiere medirse ante el amante. Li Qingzhao nos abruma con las sonrisas de la veraniega noche nupcial de velos descorridos, en la que el lecho frío aún no ha gozado de los cálidos juegos de sus moradores.

Poco tiempo se le hace a ella el tiempo transcurrido junto al esposo y por ello busca remedio cómplice en la naturaleza, encargada de transmitir al ausente la ternura de su mirada. Hilandera ella, Boyero él, distanciados en la tierra como en el firmamento, encuentran consuelo a la despedida, a esa Fiesta de los Manjares Fríos que ha tomado como rehén la alcoba antes prendida por los afectos.

La tristeza de la separación no merma la belleza de la melancólica autora, desnuda de artificio en palacios de luz y jade ni su fidelidad al que los múltiples mandatos mantienen lejos, por varias primaveras que ella convierte en el particular calendario de un regreso esperado siempre. Incluso cuando en el imposible reposo de la ausencia el corazón se aflige.

Jade puro. Li Qingzhao. Hiperión. Madrid, 2014. 176 páginas. 16 €

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