Los espejos comunicantes


 

hahn Duchamp nos desnudaba al bajar de la escalera y Óscar Hahn, ganador de la XXVII edición del Premio Loewe de poesía, hace lo propio con los cadáveres del hombre, desvestidos para la jaula de la vida, marcada por los dioses de la sequedad que es el tiempo. Hasta atravesar hacia esa esfera desconocida de la no existencia para el soñoliento en la muerte. Hahn habla de los corsés figurados que someten al ser humano como las instantáneas fotográficas o las falsas vanidades, desportilladas con el paso del inexorable juez, otra vez el tiempo.

Incrédulo de la realidad, aunque sea Einstein su pregonero, o se manifieste en recintos como los campos de tiro televisado en que se han convertido los institutos educativos estadounidenses, los versos del chileno constatan que incluso Dios es objeto de cuestionamiento, porque en esa duda razonable hasta el corazón se mide ante la evidencia de la emoción. Y en el zoo personal del escritor galardonado con el Premio Casa de América de Poesía y el Premio Iberoamericano Pablo Neruda, hacemos recuento de osos marmóreos sostenidos por sus convicciones, centros comerciales depredadores de consumistas anoréxicos y poetas desconocidos, autores de sus propios elogios póstumos.

Todo eso en un vergel de transgénicos que devorarán a sus creadores, puesto que el único dios reconocible es inmisericorde con moscas y ángeles y el alcohol y la guerra ejemplifican un paradójico sentido de la salud pública.

Cuentos macabros de niñas encerradas en sus muñecas y ensoñaciones amatorias que la muerte no alcanza, con guiños a Poe, entre otros espejos comunicantes, junto a un manual de especies rayadas en la ciencia-ficción apocalíptico donde iconos y seres reales se mezclarán en temible confusión.

Alicia González

Los espejos comunicantes

Óscar Hahn

Visor. Madrid, 2015

80 páginas

10 €

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