La eterna cualquiercosa

ub. la cruz del sur  Martín ha escogido la senda del rinoceronte para hollar con paso firme el terreno poético: un camino de renuncias y elecciones sucesivas a solas que hacen desaparecer otras existencias y a la vez le reconcilian con presente ajenos que no le pertenecen, pero contempla en su distante y cotidiana belleza. Porque López-Vega explora caducidades de escaparate con la misma mirada sensitiva que sueña la amistad de las velas o gira alegre ante la plegaria de los girasoles.

El movimiento detenido asiste atónito a los avances del poeta por su quietud, quien se siente alimentado por “lo que va errante”, que se concreta en un nombre de mujer. Las vanidades de hoy, interpretadas por el ojo impreciso del mañana dejarán a su entender saldos de nosotros mismos, como bien sabe el escritor gallego, provisto de esas gafas-poema inútiles para hacer nada que no sea poner interrogantes en la existencia.

El protagonista de este relato autobiográfico está dispuesto a quemar el pasado, habitante quizá de esa casa del ello, abismada en el acantilado donde se podría comprender “el idioma del viento”. En su obra le guía el atrevimiento, la herencia profética de lo posible que le legara Félix Romeo, el mandato de Lêdo Ivo y su dócil jauría o todos aquellos con los que reparte el pan de la mesa del entendimiento, Milosz, Eliot, Brodsky, Dante, Horacio… Hermanamiento desde la palabra y también desde la orfebrería de lo efímero, plasmada en esas fotografías presocráticas de la manada, de las que Martín se reconoce sombra. A no ser que la reata sea literaria, en cuyo caso la soledad es virtud deseablemente imperativa.

Científico frustrado de lo fugaz y víctima de las tentaciones de Nuestra Señora del Yermo, el sediento poeta recita su plegaria de noche oscura en la que es capaz de cartografiar lo invisible “con presagios vigilantes”, principalmente porque como oyente de Radio Dane entona sonidos de inaudita sintonización para el resto de los espectadores. Y ya que son los entornos los que nos ordenan la vida seamos granjeros o simples testigos de manzanas que caen por los huecos de la infancia, el periodista, traductor, autor y crítico literario carga con todo el maderamen de sus mudanzas decidido a construir la existencia que se abre paso para quien como él intenta apresar “la eterna cualquiercosa”.

Por cierto, la canción del pájaro en Piran sigue dentro de él.

La eterna cualquiercosa. Martín López-Vega. Pre-textos. Valencia, 2014. 76 páginas. 15 €