Las palabras oscuras

palabras oscurasEl sinsentido vital y el dolor no son trasladables al lenguaje y en cambio, la desmemoria nos permite reincidir en el error y seguir en el “intento de vivir mi carne en otra carne”. Desde la atalaya de quien considera que “todo parece dicho” el poeta muestra su estupor ante las catedrales despobladas, los “milagros” de la bioética y “esas máquinas de hacer que ocurran cosas”, aunque cada minuto recobre el peso de su importancia en la contemplación de la belleza. Una emoción que es equiparable al “ruido que te debe hacer el corazón”, el mismo apresado por la mano de un ángel mientras existimos.

En esa nostalgia arrastrada el ganador de la décima edición del Premio internacional de poesía “Claudio Rodríguez” huye del tiempo, aunque la muerte se conjugue con palabras como asfixia. Y pide perdón al “muchacho tristísimo” -en palabras de F. Faílde- con la sangre tranquila y la nada mordiéndole dentro. Así, deshabitado el autor resulta inconmovible en el duro retrato de una vida que es observación del sufrimiento, de paso, de las quejas, de los sueños ardidos en un mundo que “ya no es mágico, / pero a ratos parece de verdad”. No hay salvación para quien entiende la vida como una empresa estatalizada de devorantes y devorados y apenas algún destello de inocencia en quien se define superviviente frente a la tristeza incomprensible que se ha colado como una rata vieja en el corazón desapasionado y sin el asombro que pedía Luis Rosales. Gracias al cielo el hábito de arrastrar los pies nos conserva intactos a la ceguera comúnmente extendida y necesaria para amar la vida sin espacio para dejarla o hacerse melancólico mendigo.

Alicia González

Las palabras oscuras

Miguel Sánchez Robles

Hiperión. Madrid, 2015

72 páginas

10 €

Anuncios