Memorias de la Revolución Cultural. Conejitos

 memoriasLuo Ying se cuestiona si es un guardia rojo de bolsillos abultados, al tiempo que echa de menos los brazales con los que identificaron el fin de una opresión. Su verso es la redención de una violencia que no aprendió nada de ese infierno que fue la Revolución Cultural malentendida en los años en que vivía con los puños apretados. El hijo del enemigo del pueblo de Ningxia comienza por intentar desatar el alma del padre y con él restañar esa memoria de danzantes marciales y enérgicos, bañados en consignas y alimentados por la impunidad contra el adversario. Los hijos de la aniquilación justificada por un nuevo mundo se visten hoy con las prendas del capitalismo cuando entonces ajusticiaban a quien veía el sol solamente un poco rojo.
Ya en “Conejitos” el autor nos adentra por un sendero plagado de paradas en la exégesis de la muerte: la imposibilidad para expresar el sufrimiento –la muerte de la comunicación- a la que conduce el mal uso del lenguaje, su desprestigio, la banalización de morir, la evitación de lo muerto, la descortesía con los muertos, la simplicidad de la consecución de una muerte, la postergación de la muerte por los locos, la desacralización de la muerte. La aceptación del dolor como modo de enloquecimiento para evitar la soledad está presente en esos dos árboles duramente abrazados, mientras que el deseo de lascivia se torna en suplencia de un miedo cerval en el que o matamos o somos asesinados en medio de “una conspiración de indiferencia colectiva”, ante lo que se hace necesario derribar los muros levantados por los pensadores.

Memorias de la Revolución Cultural. Conejitos. Luo Ying.
Visor. Madrid, 2014. 277 páginas. 12 €.

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