Peligro de derrumbe

simónNo se molesten en resolver el misterio: el que se salva es el personaje que hace crucigramas en la sala de espera. No les desmontamos el final para destrozarles la novela, es que la novela de Pedro Simón es mucho más que adivinar quién gana la partida. De hecho, todos los jugadores de esta macabra timba laboral son candidatos a sustituir al ruletista de Mircea Cartarescu. No tienen nada que perder. Lo han perdido todo por el camino: por supuesto, el dinero, las esperanzas, a veces el amor, la compañía.

No es cierto, alguno como Babacar nos conmueve con esa fe ciega que le impide darse cuenta de su inocencia, porque ¿qué hace un negro con un tic en un ojo presentándose en igualdad de condiciones a una oferta de trabajo en el país del “yo no soy racista, pero”? No es el único iluso, María tampoco tiene ninguna oportunidad y haría mejor convenciéndose para dejarse sobar en la barra del club de alterne. Allí quizá se encuentre de nuevo con Paco que, a pesar de sus dientes de tiburón ya no tiene la misma pegada que antes y tendrá que aprender a morder el polvo y empujar a su yerno, al del gorrito de lana, a echarse al monte de las entrevistas. ¡Ah, no, que María no regresará con su bolso sobado a la noche. Ya nos dijo que saltaría con su hijo por la ventana. O Elena que, pase lo que pase se echará el mundo a los hombros para seguir cargando con todo un universo que levanta a pulso, el mismo que huele a una lejía vergonzante.

Pero no les revelamos más minucias de la trama, léanlas porque cada historia es la de una de esas balas de revólver de ruleta rusa. La diferencia es que aquí todos los personajes de la novela están en el disparadero, aunque sólo uno conseguirá el trabajo. Para acrecentar su martirio piensen que han caído en manos de Periáñez, entomólogo a su manera, aunque más bien diríamos que desde su sillón de omnipotencia purga en la desgracia de los seres vivos su carencia de empatía. Lástima que sea el responsable de Recursos Humanos al que tengan que confesar sus miserias y que como el dinosaurio de Monterroso siga allí para observar a esos insectos que son los demandantes de empleo.

Alguno incluso como Roberto, tan mala persona como él, le mueve a compasión, porque las hienas se respetan entre ellas. No sabemos qué hará el juez Ruz en su próximo destino, lo que sí sabemos es qué lectura le acompañará, “Peligro de derrumbe”, tal vez un título profético, la crisis contada a calzón quitado. Todo un derechazo en el estómago.

Allí estaba el magistrado esperando como uno más (Eduardo Madina, Casimiro García Abadillo, Ana Pastor, Jesús Maraña, Fernando Garea, Enric González, Antonio García Ferreras) para charlar con el autor. Pedro Simón, quitando importancia al crochet que es su libro hizo una vez más gala de su timidez, pese a ser uno de los periodistas más leídos –hace unos días fue trending topic por una columna sobre su Atleti- y más premiados, recientemente el Ortega y Gasset.

Alicia González

Peligro de derrumbe

Pedro Simón

La esfera de Libros. Madrid, 2015

312 páginas

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