Esta pequeña eternidad

 

esta pequeña  Condenados a la eternidad de una esperanza de dudoso valor, el poeta apuesta contra la nada, aquella que sabe se posará sobre cada recuerdo cuando falte la madre. A cada paso del poemario la muerte sale al encuentro en cuerpos que agonizan después de haber mostrado su esplendor.

Rafael Guillén, premio Internacional de Poesía Federico García Lorca es el cantor de las esencias que permanecen en ese vacío aparente que es el después. En esa “dimensión exacta” el poeta ensalza una Granada maestra para la muerte de Federico y “cada vez más chica y más tristeza” para el de la generación del 50. Suyos son los enredos del amor embridado que ya no es y los signos incomprensibles, huella de una vivencia disuelta en el tiempo, no necesitada de la consistencia para ser a la vez espasmo y forma de conocimiento. En la contemplación del momento ido, Guillén define la derrota de lo que no podrá ser en el futuro, pues la sucesión de pérdidas no sería más que el bostezo cansado de una memoria incapaz de reproducir los signos en el polvo de lirios y violetas. Escritor bajo una lluvia y un otoño muy presentes, reniega de retornos imposibles a un París al que ya no volverá, aunque si que visite la desnudez de Marilyn a través del rezumar de su voz.

Esta pequeña eternidad. Rafael Guillén. Valparaíso ediciones. Granada, 2014. 128 páginas. 12 €.

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