Elegías amatorias

 

tibulo Una vida reposada al lado de Delia, de mínimos, sin que escasee la lumbre del hogar. Eso es lo que pide encomendándose a los dioses Albio Tibulo, placeres sencillos como ver la lluvia caer y “escuchar acostado los vientos que soplan”. A su amada le promete ocio y vagancia a cambio de su fidelidad por no sentirse llamado al combate que no sea amatorio. Pero sus ascos al lujo -que no al hambre- y a expediciones que intuye funestas en la era de Júpiter, de hombres codiciosos, llevan a la enamorada a buscar un mejor partido, ante lo que Tibulo le reclama decencia, no sin confesarse atormentado por la indolencia del joven Márato.

Es un poeta rehén de su amor, predecesor de Raphael en su “Yo soy aquel”, donde hace recuento de los cuidados que prodigó a la infiel seducida por el patrimonio de otro y las malas artes de una hechicera, pese a que reconoce haber sido el adiestrador de los engaños de la adúltera. Después de ella, las ataduras del escritor al campo y sus prioridades dejan paso a la practicidad, ya que Neera, la nueva amante demanda regalos que él obtendrá “por medio del crimen y el robo”, infligido como está por s Némesis y amores empeñados en romper el juramento a Juno. Entre las atribuciones erróneas al poeta no dejen de leer las admoniciones a un pene vago e inerte en el Priapeo 2, dignas de un marqués de Sade latino.

Alicia González

Elegías amatorias

Albio Tibulo

Cátedra. Madrid, 2015

624 páginas

21,30 €

 

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